146. El precio de una traición.
Narra Lorena.
No sé qué hora es, ni cuántas veces han cambiado los policías de turno desde que me encerraron en esta habitación sin ventanas. La lámpara del techo zumba. No es muy brillante, pero tampoco me deja en paz. Un zumbido eléctrico, constante, como el de mi cabeza desde hace días. El colchón es duro, la frazada pica, y las paredes son tan blancas que parecen burlarse de mí. La neutralidad absoluta también es una forma de tortura. No lo soporto.
Estoy sola.
O eso creo, hasta que una fig