Vas a ganar, mamá.
Catalina despertó antes de que el despertador sonara, con esa claridad que llega cuando algo importante está por suceder.
Sintió esa mezcla de ansiedad y lucidez que le confirmó que el día había llegado.
No era uno cualquiera.
Era el día en que volvería a mirar a Luciano Moreau, no como la mujer rota que él intentó anular, sino como la que había aprendido a levantarse y ahora venía a verlo caer.
La habitación seguía oscura y permaneció unos segundos inmóvil, respirando hondo, dejando que su mente se aquietara.
No quería pensar en lo que venía, sino recordar todo lo que ya había sobrevivido.
A su lado, la cama vacía y el aroma a café recién hecho la devolvió al presente.
Julián ya estaba despierto.
Sonrió apenas, porque ese pequeño gesto le recordaba que no enfrentaba el mundo sola.
Se levantó despacio, pasó una mano por su cabello y se detuvo frente al espejo.