No habrá segundas oportunidades.
El reloj marcaba las once cuando Sebastián Moreau cruzó la puerta del despacho sin esperar invitación.
No caminaba con prisa, pero cada paso suyo tenía el peso de la autoridad. Su sola presencia bastó para tensar el aire; era el tipo de hombre que no necesitaba levantar la voz para dejar claro quién mandaba.
Luciano ya había sentido su llegada desde el pasillo. Reconocía el sonido seco de su caminar, esa manera silenciosa pero dominante de ocupar el espacio por el qu