Tengo un asunto pendiente.
Afuera, el silencio ya no era el mismo.
Había dejado de ser tranquilo, como si algo en el ambiente se hubiese detenido de golpe.
Julián no necesitó ver nada, lo sintió en la piel y en el estómago como un aviso que se encendía sin pedir permiso. Conocía esa sensación, ese impulso que el cuerpo envía antes de que la mente logre entender.
Y lo supo sin que nadie tuviera que decírselo, algo se acercaba.
—Están aquí —dijo con voz baja pero firme, sin apartar l