El silencio es una forma de tortura que no deja marcas en la piel, pero que desgarra el alma con la precisión de un bisturí. Habían pasado tres días desde la bofetada, tres días desde que Alexander Volkov decidió que yo ya no era digna de su voz, de su mirada o de su ira.
Caminar por la mansión se había convertido en un ejercicio de invisibilidad. Desayunábamos en extremos opuestos de una mesa de caoba que parecía un desierto infranqueable. Él leía sus informes, revisaba su tableta y bebía su c