# CAPÍTULO 7: EL PESO DE LAS CADENAS DE SEDA
No pude pegar el ojo en toda la noche. El fantasma del beso en la terraza y la marca de la bofetada en el rostro de Alexander se repetían en mi mente como una película de terror en bucle. Me sentía sucia, pero no por él, sino por la traición de mi propio cuerpo. Cada vez que cerraba los ojos, sentía la presión de sus manos en mis muñecas y el calor de su aliento reclamando mi piel. Me odiaba por no haber sentido asco en el momento en que su lengua in