La mañana comenzó tranquila en el penthouse. El cielo estaba limpio, y el sol bañaba los ventanales con un resplandor dorado. Aelin hojeaba informes en la mesa, mientras Darian revisaba llamadas internacionales.
Entonces, Sasha entró con un sobre en la mano. Era grueso, de un papel que no se veía desde hacía décadas. En la parte frontal, sellado en cera azul, se distinguía un escudo: dos leones enfrentados y una corona ducal sobre un lirio plateado.
—Esto llegó hace minutos, señora —dijo Sa