A la mañana siguiente, Viena despertó con la nieve cubriendo los tejados como una sábana limpia. Las campanas sonaron más nítidas, y el aire helado parecía recién lavado. El mundo había escuchado a Aelin. Y ahora respondía.
Darian abrió las cortinas de la suite; un resplandor blanco inundó la habitación. Aelin estaba sentada en la cama, con el cabello suelto, sosteniendo la carta de su madre como si aún necesitara tocarla para creer. Sasha revisaba el móvil cerca de la puerta, pasando de un m