El Gran Salón Imperial de Viena estaba repleto.
Cientos de invitados, diplomáticos y periodistas se habían reunido para la ceremonia más esperada de la temporada: el Reconocimiento a la Herencia Cultural Europea.
Los candelabros centelleaban sobre las paredes doradas, los pisos de mármol reflejaban las luces, y un murmullo constante recorría el lugar como una marea contenida.
Aelin entró tomada del brazo de Darian.
Vestía un vestido largo color blanco perla, sencillo pero majestuoso, con un