Mariana Ortega despertó convencida de que el día le pertenecía.
Los periódicos hablaban de ella como “la figura emergente” tras la caída de Isabella, y varios empresarios que antes rodeaban a Celeste habían comenzado a acercarse discretamente a su círculo.
Frente al espejo, Mariana ajustó el cuello de su blusa color marfil y sonrió con seguridad.
—Hoy me posicionaré definitivamente. Isabella fue débil; Celeste es ingenua. Yo soy la alternativa.
No sabía que su confianza sería su mayor e