Dos noches después, recibió una invitación para un evento benéfico en la ciudad. Una de las mujeres del taller le había hablado de ello y la animó a asistir. Miranda aceptó sin dudarlo.
La noche del evento se vistió con un vestido elegante, pero no el típico traje recatado y calculado que solía usar para complacer a las familias aristocráticas. Era un vestido de seda azul profundo, sencillo, sin excesos, pero que resaltaba su piel y la fuerza de su mirada. Se maquilló apenas, dejando que su bel