El refugio en Odessa era seguro, pero la tensión era insoportable. Valentina y Dimitri estaban sentados en la sala de guerra improvisada, pero el plan de ataque estaba constantemente desviado por la verdad que llevaban.
—No irás a Zurich —declaró Dimitri, su voz firme. Estaba obsesionado con la idea de poner a Valentina en una burbuja de seguridad.
—Iré. No estoy enferma, Dimitri. Y no permitiré que tomes decisiones unilaterales sobre mi seguridad. Este niño necesita que yo esté allí para asegu