El refugio en Odessa era seguro, pero la tensión era insoportable. Valentina y Dimitri estaban sentados en la sala de guerra improvisada, pero el plan de ataque estaba constantemente desviado por la verdad que llevaban.
—No irás a Zurich —declaró Dimitri, su voz firme. Estaba obsesionado con la idea de poner a Valentina en una burbuja de seguridad.
—Iré. No estoy enferma, Dimitri. Y no permitiré que tomes decisiones unilaterales sobre mi seguridad. Este niño necesita que yo esté allí para asegurar nuestro futuro. ¿O crees que la Bratva aceptará a una reina que se escondió mientras el Pakhan luchaba? —replicó Valentina.
La mención de la Bratva y su necesidad de aceptación golpeó a Dimitri. Ella tenía razón. Su hijo necesitaba que ella fuera percibida como una fuerza, no como una debilidad.
—Bien. Irás, pero tendrás la protección constante de mis mejores hombres. Y la nueva regla es esta: no más riesgos innecesarios. El objetivo ya no es solo ganar, sino sobrevivir sin una sola herida.