Alessandro se había atrincherado en su despacho, rodeado de mapas de navegación del Mar Negro y de los informes del desastre financiero en Marsella. Había triplicado la búsqueda de Dimitri y Valentina, su mente era un bucle de rabia y dolor por la traición de su melliza. El informe de Matteo y la confesión de su padre lo habían dejado solo en la cima.
Fue interrumpido por una fuerza igual a la suya: Aurora, su esposa.
—¡Apaga esos malditos monitores! —ordenó Aurora.
Aurora: El Juicio de la