El viaje por el Mar Negro hacia Odessa, el corazón histórico de la Bratva, fue el tramo más largo y silencioso de su huida. Viajaban en un barco pesquero viejo, otro activo encubierto proporcionado por la red de Matteo y Marco Jr. El silencio era una máscara para la tensión: Dimitri acechaba las sombras, sus heridas físicas sanaban lentamente, mientras la cicatriz emocional de la traición de Nikolai y la persecución de Alessandro seguían abiertas.
Valentina estaba extrañamente retraída, su enfoque en la estrategia se había desdibujado. Dimitri lo atribuía al estrés, pero había algo más, una ansiedad que ella no compartía.
Dimitri entró en el pequeño camarote, encontrando a Valentina encogida en la litera, sus hombros temblando.
—¿Qué pasa, malysh? No llores. Estamos a salvo, por ahora —dijo Dimitri, su tono se suavizó por primera vez desde Roma.
Valentina no respondió de inmediato. Ella olfateó el aire y sollozó con más fuerza. A su lado había una lata de conservas a medio abrir.
—No