Alessandro regresó a la Mansión Vieri con el rostro pálido y el alma hecha pedazos. Dejó a sus hombres buscando en vano por Montecristo y se dirigió directamente al centro de control.
Los analistas financieros confirmaron la pesadilla: el ataque al Banco Adriático Oriental había sido una maniobra de adquisición hostil, orquestada por cuentas fachada relacionadas con el Clan Yuri. El golpe no era terminal, pero era la prueba irrefutable de que Nikolai no buscaba territorios, sino el colapso financiero de la Costa Norte.
Alessandro sostuvo el informe, la furia por la traición de su melliza se vio atenuada por una verdad escalofriante: Valentina tenía razón.
—Ella no es la traidora. Ella me salvó el imperio —murmuró Alessandro. Pero esto lo llevó a la pregunta más peligrosa: ¿Por qué Valentina lo sabía y él no?
Alessandro irrumpió en el despacho privado de Demian Vieri. El Patriarca estaba sentado, su rostro viejo y cansado, sabiendo que el fin de su paz artificial había llegado.
—¿Por q