El tiempo era el enemigo. Bajo la débil luz de la luna, en las ruinas de la antigua fortaleza de Montecristo, Valentina y Dimitri ejecutaron la fase de ataque. Valentina, usando el equipo satelital improvisado por Marco Jr., se centró en el Banco Adriático Oriental, el punto de apoyo inicial de la Operación Cronos de Nikolai.
—Es un ataque de interferencia, no de destrucción —explicó Valentina, tecleando con dedos rápidos y precisos—. No vamos a robar; vamos a exponer. Voy a forzar un error de seguridad que ponga al banco en el radar del Departamento de Fraude Vieri.
Dimitri se situó en el borde de la ruina, su arma lista, sus ojos fijos en el horizonte del mar.
—El anzuelo está listo, malysh. Ahora solo queda esperar que el pez muerda —dijo Dimitri.
—No es un pez, Dimitri. Es mi mellizo. Y él no muerde; él destruye —respondió Valentina.
En el preciso instante en que el ataque digital se completó, una señal de radio en el monitor de Valentina se activó. No era un código Yuri;