Estaba explicándole al abogado Benedetti los detalles del nuevo acuerdo territorial —los Rosario querían expandir sus operaciones de apuestas hacia el puerto y necesitaban que yo les diera permiso— cuando noté que la silla donde había dejado a Victoria estaba vacía.
Me distraje dos minutos y había desaparecido. Empezaba a sacarme canas verdes: primero me contradecía, me desafiaba, preguntaba todo el tiempo por qué, y ahora no estaba donde se suponía que tenía que estar.
La busqué con los ojos p