Malditos mafiosos... Todos locos...
—¿Estás borracha?
—¿Quién, yo? —se señaló a sí misma—. ¡Claro que no!
Los ojos vidriosos la delataban, y la forma en que se agarraba de la mesa para no caerse.
—Victoria, levántate. Nos vamos.
—Pero si recién llegamos —protestó, haciendo un puchero—. Tomás me estaba contando cosas muy interesantes sobre ti.
Tomás se reclinó en su silla, disfrutándolo, buscando hacerme quedar en ridículo.
—Le conté sobre aquella vez que fuimos a pescar, ¿te acuerdas? Cuando recién empezábamos.
No habíamos ido a p