Me desperté con un peso sobre el pecho que no era solo Victoria. Era esa sensación rara que viene después de que todo se va al diablo, cuando el peligro no se ha ido, solo está ahí esperando.
Abrí los ojos. La habitación estaba medio oscura, el sol se metía entre las cortinas. Ella estaba pegada a mi lado, respirando despacio, con la mano sobre mi pecho. La miré. Por un momento todo lo demás desapareció: la casa, el desastre, los muertos. Solo quedábamos nosotros dos.
La noche anterior había si