LILIANA CASTILLO
—No lo sé… no creo que pueda dejarlo pasar —dije con seriedad, aunque por dentro me preguntaba cuál sería el momento adecuado para decirle a Julia que ya sé quien la quiere matar.
—Liliana, por favor, Rita es mi hermana —susurró Carl tomándome por los brazos, haciendo que mi atención se posara en él—. Deja que sea yo quien se encargue. Te prometo que Julia estará a salvo.
—Hagamos esto, enfrentemos a tu hermana juntos, y para evitarte la incomodidad de tener que reprenderla, deja que sea yo quien le dé unos buenos putazos para que se eduque —sentencié con el ceño fruncido y cruzada de brazos—. Creo que le faltó mano dura desde la infancia. Mi padre siempre decía, más vale una nalgada a tiempo y a tu hermana creo que le faltaron muchas, ¡pero tranquilo, yo me encargo!
»Ya verás si no se le quita lo culera traicionera —agregué apretando mis puños. Entonces Carl los envolvió con sus manos y su rostro cargado de pesar me distrajo.
—No quiero perder a mi hermana… —susur