LILIANA CASTILLO
«La infancia termina cuando sabes que vas a morir», había dicho mi papá mientras yo lloraba sosteniendo a mi perrito entre mis brazos. Manchaz, un cocker negro con blanco, salió corriendo a ladrarle al perro del vecino y una camioneta blanca pequeña aceleró como si fuera a ganar puntos si se llevaba a mi perro entre las ruedas.
Quise ir tras él, pero mi padre me detuvo a tiempo, si no hubiera terminado igual que mi perro, en medio de la calle en un charco de sangre, con la mita