LILIANA CASTILLO
—Me estás rompiendo el corazón… —susurró mi padre en cuanto se enteró. Había esperado el tiempo suficiente para que Julia y Matt regresaran a casa con la bebé y todos nos volviéramos a acomodar.
—Creo que necesitarán una habitación. Mateo no puede seguir durmiendo con Julia y Matt, además, la bebé va a crecer y…
—Esta es tu casa, Liliana —soltó con firmeza—. Aunque aprecio a todos, tú eres mi hija. Si es una cuestión de espacio, entonces prefiero sacar a todos y que tú estés c