LILIANA CASTILLO
El amanecer nos encontró cansados, pero satisfechos. Los militares recogían los cuerpos del piso y apagaban el fuego. Poco a poco el caos estaba cediendo. Volteé hacia Matt y Julia, estaban abrazados, en medio de ellos Mateo, que parecía no poder respirar por la fuerza con la que lo estrujaban, pero estaba feliz.
Entonces una gotita cayó del cielo, justo en mi mejilla. Cuando levanté la mirada noté la enorme nube negra que nos cubría y la lluvia cayó, cálida, suave, sin relámpa