Destrozada por mi esposo multimillonario
—Zyran, mírame. Si sales por esa puerta con ella, no puedes volver —suplicó Roosevelt, con la mano cubriéndose el vientre de manera instintiva.
Zyran se detuvo, con la mano en el pomo de la puerta, mientras el amor de su infancia lloraba suavemente contra su pecho. No se dio la vuelta. —Ella me necesita, Roosevelt. Tú eres fuerte; puedes cuidarte sola.
La puerta se cerró con un clic, sellando su decisión. No notó la sangre que le corría por la pierna a Roosevelt, ni escuchó su susurro.
Roosevelt lo tenía todo lo que una mujer podría desear: belleza, una gran reputación como la mejor diseñadora de interiores de la ciudad y un matrimonio con Zyran, el millonario más frío y escurridizo de la ciudad. Aunque Zyran hablaba poco y apenas mostraba afecto, Roosevelt lo amaba en silencio. Creía que su dureza era un escudo que algún día podría romper.
En la víspera de su cuarto aniversario, Roosevelt recibió el milagro que había esperado: una prueba de embarazo positiva. Soñó con el momento en que la frialdad de él se derretiría en una sonrisa, uniendo por fin a su familia.
Pero antes de que pudiera compartir la noticia, el fantasma del pasado de Zyran regresó. Una mujer frágil y de ojos llorosos de su juventud reapareció, buscando su protección y su tiempo. A medida que la atención de Zyran se desvió, Roosevelt fue quedando en un segundo plano dentro de su propio matrimonio. Creyó que podría soportar el abandono, hasta que un accidente que le cambiaría la vida obligó a Zyran a elegir entre su esposa y su pasado.
Él tomó su decisión, y para cuando el millonario comprendió el peso de lo que había perdido, Roosevelt y el secreto que cargaba ya se habían ido.