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Cediendo a mi Amor

Cediendo a mi Amor

Seis años compartidos con Marco Torriani. Él controlaba las riendas del poder en Capital Próspero de Nueva York, de ascendencia italiana, uno de los nuevos magnates financieros que dominaba Wall Street en Manhattan. Pero muy pocas personas sabían que Marco proviene de la antigua mafia siciliana "la familia Torriani". Capital Próspero era la empresa que él y yo fundamos. Durante incontables madrugadas, él bebía whisky mientras negociaba en el club. Yo permanecía fiel a su lado, ayudándolo con las cuentas, controlando la situación, memorizando una a una cada línea de los contratos de apuestas. Esos rompecabezas del mapa del poder los completamos juntos. Una vez por ingenuidad pensé que me convertiría en la mujer que estaría a su lado, gobernando esta ciudad junto a él. Hasta que hace dos meses, su amor de la infancia, Sofía Greco, se mudó de Sicilia a Nueva York. Fue entonces cuando descubrí que él siempre había estado esperando con ansias a que ella regresara. Le dije: —Marco, quiero casarme. Él respondió con cierta dificultad en su voz: —Isabella, ya sabes que la empresa está en una etapa crítica de financiamiento, por ahora no tengo tiempo para pensar en... —Tranquilo no hay problema. —Sonreí con indiferencia. Marco malinterpretó mis palabras. Sí, me voy a casar, pero no con él.
Cuento corto · Mafia
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El Día Que Me Fui, Florecieron Las Flores.

El Día Que Me Fui, Florecieron Las Flores.

Tras ocho años de matrimonio, por fin estaba embarazada del bebé de Claude. Era mi sexto intento de fecundación in vitro, y la última oportunidad. Los médicos dijeron que mi cuerpo no aguantaría más. Llena de alegría, me preparaba para darle la noticia. Pero una semana antes de nuestro aniversario, recibí una foto anónima. En ella, él inclinaba la cabeza para besar el vientre embarazado de otra mujer. Esa mujer era su amiga de la infancia. La que había crecido con su familia. Dulce, obediente, la nuera ideal que siempre supo complacer a los mayores. Lo más ridículo era que toda su familia conocía la existencia de ese bebé. Solo yo era la única tratada como un chiste. Resultó que el matrimonio que había sostenido con el alma llena de cicatrices no era más que una mentira cuidadosamente tejida por ellos. ¡BASTA! Ya no quería a Claude. Mi bebé no nacería entre mentiras. Pensando en esto, reservé un boleto de avión para irme, justo el día de nuestro octavo aniversario. Ese día, él debería haberme acompañado a ver el mar de rosas; una promesa que me había hecho antes de casarnos: me regalaría un mar de flores solo para mí. Pero nunca imaginé que, en cambio, lo vería besando apasionadamente a su amiga embarazada justo frente al jardín de rosas. Cuando me fui, él comenzó a buscarme por todo el mundo. —No te vayas, ¿de acuerdo? —suplicó— Me equivoqué. Por favor, quédate. Plantó las rosas más hermosas del mundo en aquel jardín, como si al fin hubiera recordado la promesa que me había hecho. Pero yo ya no la necesitaba.
Cuento corto · Romance
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Ya No Quiero Ser Tu Mate

Ya No Quiero Ser Tu Mate

Al enterarme que Francisco Olmo, el hombre-lobo que había amado durante diez años, estaba preparando una gran ceremonia de marca, me dejó tan emocionada que no pude dormir en toda la noche. Pero al día siguiente, toda la manada supo que el Alfa Francisco Olmo la había preparado para mi hermanastra, Nina Paz. Francisco luego me explicó: —Ana, todo eso fue falso. Nina no tiene ningún apoyo en la manada, solo la estoy ayudando. Tranquila, antes de la ceremonia del vínculo de compañeros que será en una semana, anunciaré que nos separamos y luego haré la ceremonia del vínculo contigo. Pero luego, él me hizo ceder una y otra vez por Nina. Hasta que llegó la ceremonia del vínculo de compañero, él no se había separado de Nina. Así que al final, le cedí a Nina el puesto de compañera y me marché en silencio.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Me dejó de importar, y él perdió el control

Me dejó de importar, y él perdió el control

—Lo siento, Cloe. ¡Realmente tengo una emergencia! Después de diez años de relación, mi pareja, el Alfa Aiden Rothschild, puso una nueva excusa diciendo que tenía que resolver asuntos de la manada y se marchó a mitad de nuestra cena a la luz de las velas. Horas más tarde, vi una publicación de Lana, el amor de juventud de Aiden, en las redes sociales. En la foto, Aiden le sostenía el pie con delicadeza. «Me torcí el tobillo mientras limpiaba el techo, y, aunque mejoró rápidamente, Aiden vino corriendo en cuanto se enteró. Siempre estás ahí cuando te necesito, sin importar qué. ¡Definitivamente, soy la mujer más afortunada!» En el pasado, sin lugar a dudas, lo habría confrontado Aiden con furia, solo para que me regañara por ser irracional. Sin embargo, esta vez terminé mi comida en silencio, completamente entumecida. Le había prometido a mi mentora que pronto partiría para una misión de sanación en un lugar apartado del Territorio del Norte. Cuando subí al coche para abandonar la manada e intenté despedirme de Aiden por última vez, recibí un video de Lana, en el que aparecían Aiden y ella jugando a Verdad o Reto, llamándose «bebé» el uno al otro. Me sequé las lágrimas y simplemente respondí: «No te preocupes. Diviértanse esta noche.» Sin embargo, Aiden entró en pánico, y tenía los ojos rojos cuando me envió un mensaje: «Cloe, ¿por qué no te enfadas después de ver eso? ¿¡Acaso ya no me amas!?» Luego, intentó confrontarme en persona, solo para darse cuenta de que no podía encontrarme por ninguna parte. Ese día, se derrumbó por completo.
Cuento corto · Hombres Lobo
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A Tres Días del Final, Me Cambió por Otra Omega

A Tres Días del Final, Me Cambió por Otra Omega

Yo soy el Omega más insignificante de la manada, pero terminé siendo el compañero destinado de Beck, el Alfa. Por mi estatus tan bajo, en todos los eventos donde debíamos aparecer juntos, él jamás me permitió asistir.Organicé para él dieciocho celebraciones grandiosas, pero ni siquiera en nuestro aniversario me dejó presentarme. Hasta que en la décima novena ocasión, Beck, sorprendentemente, aceptó que yo fuera. Estaba emocionado, me arreglé con toda ilusión… solo para encontrar a Beck tomado de la mano de Wendy, otra Omega. Ellos, muy cariñosos, reemplazaron el video de recuerdos que preparé con escenas dulces de los dos juntos. Beck, abrazando a Wendy y mirándome con desprecio, me dijo: —Mi Luna necesita el reconocimiento de todos en la manada. Y tú, Clara, nunca tuviste un lugar oficial como Luna. Wendy lo consiguió antes que tú. Desde hoy, ella ocupará tu lugar. Todos los miembros de la manada esperaban que yo perdiera la cabeza, que hiciera un escándalo… Pero en lugar de eso, sentí una extraña paz, casi un alivio. Porque faltaban solo tres días para que el contrato de compañero entre Beck y yo llegara a su fin.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Reescribiendo el destino. No volveré a amarte

Reescribiendo el destino. No volveré a amarte

Había estado enamorada de Carlos Cruz, el mejor amigo de mi hermano y único jefe de la mafia de Nueva York, desde que tenía memoria. En la noche de mi vigésimo cumpleaños, mi hermano me prometió darme una gran sorpresa. Jamás imaginé que esa sorpresa sería un Carlos muy borracho y muy dispuesto a ser besado. Después de esa noche de imprudencias, el resultado fue un bebé. Carlos aceptó casarse conmigo tras quedar embarazada, pero el día en que nació Leo, no dijo ni una palabra, simplemente recogió sus cosas y desapareció rumbo a Francia por casi cinco años. Cuando regresó, estaba acompañado por Alexandra, su primer amor. Sin embargo, cuando ella nos vio a Leo y a mí, huyó, desapareciendo de su vida para siempre. Después de eso, Carlos volvió a mi lado, fue como si intentara ser el hombre que siempre necesité, como si por fin nos diera una oportunidad. Pero los cuentos de hadas son mentiras envueltas en un papel bonito. En el sexto cumpleaños de Leo, íbamos camino a cenar cuando los frenos del automóvil fallaron. El coche derrapó en la autopista y las llamas lamieron el motor. De inmediato, Carlos salió del auto, y cerró la puerta con llave. —Si no fuera por ti, Alexandra seguiría a mi lado. Ahora es tu turno de sufrir —exclamó. Fue en ese instante cuando finalmente lo comprendí: Carlos nunca me había amado. Cuando volví a abrir los ojos, estaba de vuelta en mi cumpleaños número veinte. Carlos estaba en mi cama, justo donde lo había dejado en el pasado. Sin embargo, esta vez no dudé, simplemente corrí. Y, al salir, hice la llamada que debí haber hecho la primera vez; contacté a Alexandra.
Cuento corto · Mafia
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Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Cada semana, mi Alfa Bruce llevaba a una mujer distinta a casa, y frente a mí, en nuestra propia cama, se entregaba al desenfreno. Cada traición desgarraba mis sentidos; dolía como si unas garras afiladas me abrieran el alma. Él me odiaba; por eso me torturaba, una y otra vez, burlándose de mi confianza con su traición carnal. La noche de nuestro décimo aniversario llevó a la amante que había mantenido en secreto durante cinco años hasta nuestro territorio. Ella calzaba mis tacones, vestía mi traje de gala hecho a medida y lucía el anillo y el collar que yo había creído símbolos de nuestra promesa. Él, de pie ante todos los invitados, se burló: —¿No te gusta su vestido? Quítate el tuyo y dáselo. Ah, y esta noche no necesito que me atiendas. Ella es cien veces mejor que tú en la cama. La multitud estalló en carcajadas, convirtiéndome en su objeto de burla. Pero yo me levanté con calma y lo miré: —Quiero romper el vínculo. Él reaccionó como si oyera el chiste más aburrido: —Eso lo has dicho cien veces; ya me harté. ¿De verdad estás dispuesta a renunciar al puesto de Luna? Te arrastraste para que te marcara; tú te aferraste sin dignidad. La gente volvió a reírse a carcajadas. Pero ellos no sabían que, de todas esas cien veces, esa vez yo estaba decidida a terminar con esa agonía. Esa vez no lo quería ni a él ni al poder y la gloria de ser su Luna. Había decidido romper por completo el lazo de nuestras almas.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Los imperdonables

Los imperdonables

En nuestro séptimo aniversario de bodas, también conocidas como las bodas de lana, la exnovia de mi esposo le regaló un gatito a nuestro hijo. Pero yo soy alérgica al pelo de gato, me salió un sarpullido por todo el cuerpo y más grave aún, que yo en ese momento estaba embarazada y me acabe con que esto afectara el bebe que llevaba en camino, así que le ordené a mi hijo que devolviera el bendito gato. Mi hijo, Robertito, de tan solo cinco años, llorando, me empujó, pero lo hizo con tanta fuerza que perdí el equilibrio y me caí al suelo: —¡No! Eres mala, y no quiero que seas mi mamá, ¡quiero que la tía Lucía sea en cambio mi mamá! Alejandro Martínez, con rabia me reprendió: —Nunca habías mostrado alergia antes y ahora que Lucía te regala un gato, ¿de repente sí? ¿Tanta es tu envidia con ella que no puedes pensar en lo que tu hijo siente? Nunca había visto a alguien tan testaruda como tú. Él levantó a Robertito en brazos, tomó al gato y se fue a buscar a Lucía. Yo, tirada en el suelo, observé impotente cómo la sangre fluía libremente por mi pantalón. Así fue como termine perdiendo a nuestro segundo hijo. En el hospital, me consumía el dolor. Mientras tanto, padre e hijo acompañaban a Lucía de viaje, como si fueran una verdadera familia. Lucía me envió un mensaje: —¿Sabes por qué Alejandro me ama, pero se casó en cambio contigo? Porque no quise arriesgarme a tener hijos, y él quería una parejita. Lástima pues que perdiste al tuyo. En ese momento, sentí mucha desesperación. Encargué a un abogado los trámites del divorcio y compré un billete de avión para volver a mi hogar natal lo antes posible. Solo deseaba no volver a ver a mi dichoso marido y el mentiroso de mi hijo nunca más.
Cuento corto · Romance
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Ya No Seré Tu Herramienta Perfecta

Ya No Seré Tu Herramienta Perfecta

La noche que nombraron a Lorenzo jefe de la familia Martín, le entregué mi virginidad. Él era el heredero al que me habían prometido desde antes de saber hablar. Nos besamos contra las ventanas panorámicas, enredados en el calor húmedo del crepúsculo... Sus manos ásperas y urgentes me lastimaron, pero no me aparté. Hasta el dolor se sintió sagrado; ese era un sacrificio que estaba dispuesta a hacer por amor. Perdido en el calor del momento, me prometió unos hermosos zapatos de cristal, para que, al día siguiente, bailara con él el vals inicial en su ceremonia de coronación. El primer baile siempre estaba reservado para el nuevo jefe y su futura esposa. Lloré de alegría, creyendo que mis años de anhelo secreto y espera paciente finalmente culminarían en un final de cuento de hadas. Pero estaba equivocada. ¡Terriblemente equivocada! A la mañana siguiente, arrastré mi cuerpo adolorido para comprar su espresso favorito, solo para escuchar a escondidas cómo los muchachos bromeaban al regresar: —Así que al fin te comiste la cereza de la familia, ¿eh? ¿Cómo estuvo Viviana en tu primera noche como jefe? La voz de Lorenzo al responder era perezosa y a la vez burlona: —Ella tiene cara de ángel y cuerpo de diabla. Es una zorra ardiente en la cama. La habitación estalló en silbidos obscenos. —Jefe, entonces, ¿de verdad te vas a casar con ella? —¿Estás hablando en serio? —resopló Lorenzo con desdén—.Viviana para mí solo fue una práctica en la intimidad. Una vez que practique lo suficiente, iré a domar a la princesa de hielo de los Falcón. Cuando me aburra, siempre puedo volver y casarme con ella. Me quedé petrificada en el umbral, la visión se me nublaba y la taza de café temblaba en mis manos. Antes de que el mundo se oscureciera por completo, le envié un mensaje cifrado al Don: —Señor Román, consígame un traslado para el ascenso en tres días. Qué esté lo más lejos posible de Lorenzo.
Cuento corto · Mafia
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Abandonada por mi familia

Abandonada por mi familia

El día de mi boda, Nelson —mi prometido— canceló todo de repente. ¿La razón? Un simple post de Gloria en redes, anunciando que había regresado al país. Nelson dejó caer al suelo los anillos que él mismo había diseñado... y se fue sin decir una sola palabra. Me quedé ahí, vestida de blanco, sin saber qué hacer, ni qué sentir. Incluso mi hermano, que hasta ese momento me sostenía de la mano, me miró con tristeza y dijo en voz baja: —Ivana, tú siempre has sido fuerte. Sé que puedes con esto. Ahora... Gloria me necesita más que tú. Dicho esto, también se fue. Los dos... por la misma mujer. Me dejaron sola, parada frente a todos, tragándome las lágrimas y el orgullo. Esa noche, después de lidiar con todo lo que quedó de esa boda fallida, recibí una foto de Gloria. En la imagen, Nelson y mi hermano estaban sentados junto a su cama. En su cuello llevaba el collar que Nelson había hecho para mí. Y, sobre su cuerpo... el vestido que mi hermano había diseñado especialmente para mí. Todo... era mío. Y en ese instante, lo entendí: ya no tenía sentido seguir aferrándome a nada. Con los ojos llenos de lágrimas, marqué un número. —Papá, mamá… cambié de opinión. Quiero volver a casa.
Cuento corto · Romance
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