Demasiado tarde para amarme Señor CEO
Dicen que enamorarse de la persona equivocada es el peor de los sufrimientos.
Yo no estoy de acuerdo.
Lo más doloroso es pasar años esperando un amor que nunca llegará, creyendo que algún día todo cambiará.
Durante tres años llevé el apellido de Julio Iglesias.
Era su esposa. Al menos, sobre el papel.
Nuestro matrimonio era un secreto. Ante el mundo, el poderoso director ejecutivo del Grupo Iglesias seguía siendo un hombre soltero. Yo solo era una esposa invisible.
Aun así, aceptaba sus olvidos, sus promesas rotas, sus largas ausencias y hasta el perfume de otra mujer en su ropa. Lo amaba y estaba convencida de que la paciencia terminaría por conquistar su corazón.
Qué equivocada estaba.
El regreso de Camilla Monteros destruyó todas mis ilusiones. Entonces comprendí la verdad: yo nunca había sido la mujer que él amaba, solo la más conveniente para su vida.
Poco después, Julio dejó una carpeta frente a mí.
Eran los papeles del divorcio.
—Firma, Hannah. Es la mejor decisión para todos.
Sus palabras rompieron lo último que quedaba de mi corazón.
Tres años de amor, sacrificios y sueños abandonados terminaban con una simple firma.
Tomé el bolígrafo sin temblar y firmé.
Cuando levanté la vista, una extraña calma me invadía.
—Tendrás el divorcio que deseas, Julio. Pero recuerda esto... el día en que comprendas lo que has perdido, ya será demasiado tarde.
Él creyó que aquella firma era el final de nuestra historia.
No imaginaba que, en realidad, era el comienzo de sus mayores arrepentimientos.