Mundo ficciónIniciar sesiónGraciela Zambrano Ávila (Grace) Nunca ha amado a nadie que no sea ella misma, hasta que en su vida organizada y frívola aparece él quién la enamora locamente, sin que ella sepa mucho o más bien nada de él. Nicolás de la Garza Pérez (Nick) En su nueva vida dónde intenta dejar atrás su pasado, conoce a una mujer por la cual quiere comenzar de nuevo, sin sospechar que por ese amor él podría perder por lo que tanto ha luchado, su libertad. Vivirá con el miedo de que su oscuro secreto salga a la luz. ¿Podrá el amor ser capaz de lograr lo imposible?, ¿Podrá triunfar el amor por encima del odio?, ¿Podrán dos polos opuestos atraerse y amarse por encima de todo?
Leer másLa velocidad del auto que conduce mi padre aumenta de forma progresiva mientras conduce por la autopista. Solo vamos los dos, pero no cruzamos palabra. Estoy molesta con él y lo sabe.
—Sophie ¿vas a seguir enojada conmigo? —pregunta desviando apenas la mirada del camino.
—No quiero hablar contigo —contesto cruzándome de brazos.
Estoy intentando controlarme para no explotar de la furia en este momento.
—Hija, de verdad lo lamento, no era mi intención olvidarme del aniversario de fallecimiento de tu madre, es solo que hoy Lilian tenía un evento importante y…
—Mira papá, nunca te recriminé nada. No me quejé cuando te casaste con una mujer que podría ser otra de tus hijas, no me quejé cuando la hiciste mi madrastra a pesar de que a penas nos llevamos tres años de diferencia, ni cuando le diste tanta potestad de nuestras cosas, dinero, casas y hasta en la empresa. Pero ¿olvidarte de mi madre? Eso sí que no te lo voy a perdonar —sentencio después de haberlo interrumpido.
Él me mira con los ojos abiertos, sorprendido por mi repentina honestidad. Desde que mi madre murió hemos estado solos y aunque me incomodó en un principio que se casara con Lilian, sé que merece ser feliz, así que me lo callé.
—No sabía que te sentías así —admite finalmente.
—Eso no me importa, pero no te voy a perdonar haberme dejado plantada en el cementerio mientras tú estabas divirtiéndote en una fiesta —protesto y aparto la mirada.
En ese momento mi padre intenta tomar mi mano, pero yo forcejo y no lo dejo.
—¡Sophia, escúchame! —exclama.
—¡No! ¡No quiero! Y suéltame. Es más, estaciona aquí, me voy a ir caminando.
Hago el amago de abrir la puerta, incluso con el auto en movimiento, esperando que mi exagerada reacción lo haga detenerse en seco. En cambio, mi padre intenta evitar que abra la puerta, y en su afán, el volante se desvía. Todo se vuelve un caos en un instante.
Mi padre intenta volver al carril para evitar estrellarse contra el camión que viene en frente. Mi corazón se acelera y en ese instante que me doy cuenta de la imprudencia que acabo de cometer.
Él logra regresar al carril con los brazos tensionados en el volante. Lo está apretando tan fuerte que sus nudillos están blancos del esfuerzo.
—Lo siento —susurro.
No obstante, noto que la cara de mi padre sigue inmersa en el shock. No se despega del volante y de pronto la manilla del acelerador comienza a subir al mismo tiempo que la velocidad.
—Papá ¿qué estás haciendo? —pregunto, sintiéndome repentinamente aterrada.
—No puedo detenerlo, no sé qué pasa.
Nos miramos, pero incluso antes de que podamos reaccionar, el auto choca con un muro bajo que divide la separación de una encrucijada. El impacto es brutal.
El cinturón de seguridad me clava en el asiento con fuerza, impidiendo que salga volando por los aires hacia adelante, pero las piernas… siento un dolor agudo cuando se aplastan contra el panel del auto. El metal cede, deformándose como si fuera de papel bajo la presión del choque, y mis rodillas se estrellan contra el tablero con una fuerza que me arranca un grito de dolor.
El auto gira de forma violenta a la derecha, arrastrando el chasis por el asfalto, mientras el vidrio del parabrisas se hace añicos y vuela a nuestro alrededor. Por un momento, todo es un vórtice de sonido ensordecedor: el chirrido de los neumáticos, el crujido del metal retorciéndose y los gritos ahogados de mi padre.
Finalmente, el auto se detiene con un golpe seco. Queda inclinado de manera peligrosa sobre un lado. Respiro con dificultad, el pecho se me sube y baja agitado mientras intento orientarme en medio de la confusión del accidente. El olor a gasolina y a caucho quemado me llena los pulmones, haciéndome toser. Intento moverme, pero estoy atrapada, mis piernas están atrapadas bajo el peso del panel aplastado, y un dolor agudo me recorre desde los muslos hasta los pies.
—Papá… —logro susurrar.
Giro mi cabeza con dificultad para mirarlo, pero lo que veo hace que el miedo se convierta en puro horror. Mi padre está inclinado hacia el volante, su rostro está cubierto de sangre. Su camisa blanca está empapada en un tono carmesí oscuro que se expande lentamente, manchando todo a su alrededor. Hay vidrios rotos esparcidos por el interior del auto, algunos incrustados en su piel, otros caídos como lluvia sobre el asiento.
Mi respiración se acelera mientras intento procesar lo que está ocurriendo. Intento mover mis manos para alcanzar su hombro, para sacudirlo y hacer que despierte, pero mis brazos están débiles, y el dolor en mis piernas me roba toda la fuerza. Estoy atrapada, inmovilizada por el peso del auto y el terror de lo que acaba de suceder.
El sonido de sirenas rompe el silencio. Veo destellos azules y rojos reflejados en los fragmentos de vidrio dispersos por el auto.
Intento mantenerme consciente, lucho contra la oscuridad que amenaza con consumir mi visión. Pero es inútil. Mis párpados se vuelven pesados, y el dolor en mi cuerpo comienza a desvanecerse, reemplazado por un frío penetrante. Mi último pensamiento antes de que todo se apague es para mi padre, esperando que, de alguna manera, alguien llegue a tiempo para salvarnos. Pero el miedo de que sea demasiado tarde me inunda mientras me dejo llevar por la inconsciencia.
***
Abro los ojos de nuevo. Por un momento no tengo idea de qué fue lo que ocurrió. No siento dolor, estoy en una cama suave rodeada de paredes blancas y monitores que miden mis signos vitales. Pronto veo una figura familiar. Mi madrastra… Lilian.
—¡Despertó! —exclama.
A su lado está mi esposo Ethan. Sonrío levemente. Verlos aquí significa que estoy viva a pesar de todo. A mi memoria llegan los últimos momentos del accidente, la visión de mi padre cubierto de sangre…
—M-Mi… papá… —consigo articular. Mi voz suena pegada y rasposa.
—Oh, Sophie… —dice Lilian con un sollozo—... tu padre murió —suelta sin más.
—¿Qué…? —Intento levantarme de la cama, necesito sentarme, necesito entender lo que sucede para no volverme loca. No puede ser… esto es una pesadilla. Pero pronto me doy cuenta de que no puedo moverme.
No puedo mover las piernas.
—¿Qué pasa…? No siento mis piernas —digo. El pánico en mi interior crece y se nota en mi voz.
—No te muevas —habla Ethan con una frialdad que me sorprende—. El doctor dijo que al parecer vas a quedar paralítica.
***NARRA LU FABIANO***Monterrey, Nuevo LeónDías después de la boda de Camilo y de Julia, un día saliendo de mis clases en la Universidad, quedé con el abogado para ir a ver a Nick, tenía ganas de verlo a solas, sin ir nadie más, solo el abogado y yo, porque quería ver sí Nick ya se había tranquilizado y eso era, lo que yo más estaba buscando, que él pudiera calmarse y notaba que cuando iba yo, con alguien más a verlo él se ponía demasiado alterado. Llegué yo primero y casi de inmediato, llegó el abogado y nos reunimos en el estacionamiento, para entrar juntos.–Buenas tardes señorita Fabiano – Me saludó el abogado – Lamento, mi tardanza, pero antes de entrar, hay algo que quiero tratar con usted.No había ningún problema, aparte yo acababa de llegar, nos podíamos encontrar algún obstáculo en el camino, no estábamos extensos de que no pudiéramos llegar a tiempo a cualquier sitio, era comprensible, además tenía un trabajo que era impredecible a qué hora lo iban a solicitar.–Buenas ta
***NARRA ALMA ROSA***Monterrey, Nuevo LeónEsperaba que mi hermana si me comprendiera y no se fuera a oponer en la decisión que habíamos tomado, Diego y yo, además le iba a pedir su bendición, porque no íbanos a hacer algo malo, muy al contrario estábamos muy felices de poder estar todo el tiempo, juntos.–Te dejo que lo hagas tú amor – Dijo Diego huyendo de la situación – Yo iré a la mesa de dulces con Nicky, por unas golosinas.Diego nos estaba dejando a solas para que pudiéramos hablar tranquilamente, pues era algo de suma importancia para los dos, aunque se fuera huyendo de su responsabilidad, como mi novio que era.–Sí, vamos – Dijo Nicky emocionada – Les traeremos algo.Nick, estaba muy contenta porque iba a poder tomar de las golosinas, que tanto le gustaban, era un amor de niña. –Está bien, vayan – Dijimos Grace y yo.Me quedé a solas con mi hermana como era lo más pertinente en ese momento y al encontrarnos así, sin que nadie nos interrumpiera, yo supe, que había llegado el
***NARRA ALMA ROSA***Monterrey, Nuevo León Había encontrado en Diego al amor de mi vida y mientras bailábamos en la pista, en la boda de Julia y Camilo, me alegraba lo bien que había hecho, dejando atrás mis sentimientos por Nathan, era ciertamente lo mejor, pues viendo como bailaba con tanto amor y ternura con mi hermana, me daba mucha alegría verlos así de felices y de enamorados. Me había costado soltarlo, pero lo tuve que hacer por el bien de Grace y por el mío propio y ahora me daba cuenta, de la buena decisión que he tomado, pues mi novio, era demasiado atento conmigo, no podía negar que haberle dado esa oportunidad que me pidió, fue para bien, para el bien de los dos y de todos.-Estás muy pensativa, mi amor - Me dijo Diego - Espero, que un día, aunque por ahora no pensemos en casarnos, podamos estar así.Desde luego que nos íbamos a casar e íbamos a tener nuestra fiesta de matrimonio, estábamos destinados a estar juntos, si bien no me había dado cuenta en un principio, que
***NARRA GRACE***Monterrey, Nuevo LeónPero la verdad era que yo, me sentía muy cansada y aparte, no tenía muchas ganas de pararme a bailar, estaba muy agusto sentada platicando con Lu y saboreando la rica fritura qué se encontraban servida en la mesa y hablando de todo un poco.–Pues está bien, que estén aquí por un rato, pero no las quiero aguadas – Nos dijo mi hermana – Debemos estar felices, por Camilo y por Julia, por cierto, Camilo le cantará una canción a su amada.Camilo tenía que hacerlo porque él era un hombre, que nunca se quedaba quieto y era muy detallista, con su ahora esposa y siempre la estaba llenando de ese amor que él siempre sabía transmitir, era un don que tenía mi amigo Camilo, qué se hacía querer por todos.–Mi amigo, es el rey del karaoke – Dijo Lu – Julia, se va a quedar impresionada, seguramente es una de las cosas, que irá descubriendo de Camilo.Era justo lo que yo también había pensado, que Julia iba a estar encantada durante toda su vida, al ver la canti
***NARRA GRACE***Monterrey, Nuevo León La boda de Camilo y de Julia, estaba resultando de lo más hermosa. Todos estábamos muy emocionados, por verlos a ellos felices, enamorados y ahora, unidos en matrimonio, por la ley de Dios y en matrimonio civil. Estaba sentada en mi mesa, con Lu, pues Nathan, parecía un niño chiquito y andaba jugando con Nicky y con otros niños, los hijos de unos primos de Camilo, iba a ser un hermoso padre para nuestros hijos.–Grace, definitivamente Nathan, parece otro niño – Dijo Lu – Le encanta jugar con ellos.Mi esposo estaba encantado jugando con los niños y me alegraba que fuera así, porque los demás adultos, estaban muy entretenidos en otras cosas, mientras que Nathan jugaba con ellos, con Nicky y con los hijos de los primos de Camilo.–Sí, él es muy bueno con los niños y por eso, no me queda la menor duda, que será un excelente padre, con nuestro pequeño – Declaré llena de felicidad – Pero, mi felicidad, no es completa Lu, quiero que te animes un p
***NARRA NATHAN***Monterrey, Nuevo LeónLu, Grace y yo, nos fuimos a tomar nuestros lugares, así como también lo hicieron Alma Rosa y Diego, todos queríamos estar preparados para presenciar este momento majestuoso en el que nuestro amigo Camilo y nuestra amiga Julia, se juran amor eterno, primero ante Dios y después ante el juez del registro civil. Fue una boda por demás emotiva, que, hasta los padres de Camilo, estaban que querían llorar de la emoción y al terminar la boda, por supuesto, que Grace y yo, nos levantamos para ir a felicitar a los novios.–Camilo, Julia, los queremos mucho – Dijo Grace – Son una pareja hermosa y tendrán un hogar y una hermosa vida juntos, sólo tienen que ser siempre unidos y hacerse muy felices.Era el destino que los había reunido y en verdad hacían una muy bonita pareja, que a simple vista se veía que se adoraban y por supuesto que iban a estar juntos por el resto de sus vidas, e iban a hacerse muy felices y esperaba que en verdad siempre estuvieran u





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