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Mi novio rico elegió salvar a mi hermana adoptada

Mi novio rico elegió salvar a mi hermana adoptada

Mi hermana adoptada, Jazmín, causó la péridida de un millón y medio a un cliente por especular en bolsa ilegalmente. El cliente, frustrado, vino a buscarla con arma en mano. Jazmín y yo fuimos acosadas por este. Mi novio, un magnate en el mundo empresarial, vino corriendo para salvarnos, cuando le tendimos nuestras manos suplicando ayuda al mismo tiempo, él apartó la mía con un golpe furioso y dijo con desprecio: —¡Rosa, deja de hacerte la enferma, que a lo mejor te cae una buena por fingir tanto! Jazmín tiene cardiopatía congénita, ¡tengo que llevarla al hospital de inmediato! ¿Hacerme la enferma? ¡Yo era la que tenía cardiopatía congénita! Mientras se celebraba mi funeral, mi novio se cegó en mi velatorio. Más tarde, el famoso “ojo de halcón” del mundo financiero vivió su vida en la oscuridad del remordimiento.
Cuento corto · Romance
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La Máscara del Amor

La Máscara del Amor

Mi novio de diez años se casó con mi hermana. Tras lo cual, el profesor más joven de la Universidad del Norte Fronterizo, Javier Santiago, publicó un comunicado en el sitio web oficial de la escuela, anunciando públicamente nuestro compromiso. Durante siete años de vida en pareja, él siempre fue gentil y responsable, como si me viera como lo único en su vida. Hasta que por casualidad escuché su conversación con un colega: —Rosa ya es la terapeuta con más potencial del Norte Fronterizo, ¿vas a seguir actuando con esa mujer? —Para que Rosa viva tranquila, estoy dispuesto a seguir manteniendo la relación de pareja con Helena. Así ella no va a volver a desestabilizar la familia de Rosa. Me quedé en silencio, parada al otro lado de la puerta, escuchándolo hablar con ese tono tan calmado, convirtiendo mis siete años de amor profundo en una «actuación cooperativa». En su cuaderno de investigación, cada página tenía escrito el nombre de Rosa. «Que la investigación de Rosa vaya bien.» «Que mi amada Rosa sea la mujer más feliz.» *** «Rosa, estoy dispuesto a pasar la vida con una mujer que no amo, a cambio de que tengas esa sonrisa feliz en tu cara todos los días.» Siete años compartiendo la cama, como un sueño muy largo. El día de nuestro séptimo aniversario, me subí al teleférico que ya había reservado. Con la luz del amanecer, a mil metros de altura, abrí la puerta de la cabina. Bloqueé el enlace mental, me bebí la poción para romper el vínculo y salté. Al enterarse de la noticia, Javier rápidamente trajo al equipo de búsqueda más profesional del Norte Fronterizo. Desplegó un rescate exhaustivo, queriendo encontrar mi cuerpo... En el valle, gritaba mi nombre una y otra vez, como si el arrepentimiento tardío pudiera devolverme la vida.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Todos me salvaron hasta matarme

Todos me salvaron hasta matarme

Al tercer año de mi matrimonio, el rey Leandro Montenegro me arrebató de los brazos de mi esposo y me llevó al palacio. Pero nunca me obligó a nada. Cuando yo extrañaba a mi madre, me dejaba volver a casa una vez al mes. En invierno, cuando se me helaban las manos, trasladaba sus documentos de trabajo a la sala más cálida para que yo no pasara frío. Cuando caí gravemente enferma, también fue él quien permaneció junto a mi cama toda la noche. Después de dos años juntos, finalmente me enamoré de él. Pero, la víspera de mi coronación como reina, regresó la mujer que había sido su amor de juventud y llevaba años desaparecida. Entonces comprendí que me había apartado de mi esposo y me había colmado de atenciones solo para hacerles creer a los rebeldes que ya había dejado de amar a la mujer que habían secuestrado y que me amaba a mí. Ahora que ella había regresado sana y salva, yo ya no le servía de nada. Por eso Leandro me puso en la palma de la mano una píldora para simular la muerte y me consoló con voz suave: —Esta medicina solo hará que dejes de respirar durante tres horas. Después de tu entierro, enviaré a alguien a sacarte de la tumba y te llevará al Valle de la Bruma. Le rogué que me concediera un día más y me permitiera volver a casa para despedirme de mi familia. Mi antiguo esposo, Adrián Salvatierra, vino personalmente a buscarme. Todavía recordaba que me mareaba al viajar, así que había preparado caramelos de jengibre en el carruaje. Mis padres también me abrazaron entre lágrimas. Dijeron que no había pasado un solo día en todos aquellos años sin que me extrañaran. Creí que, al menos, aún había alguien dispuesto a quedarse conmigo. Pero esa misma noche, Adrián escribió de su puño y letra un texto para honrar mi memoria. Mi madre me ayudó a ponerme la mortaja y mi padre eligió un ataúd en la sala. Todos me aconsejaron lo mismo: —Solo vas a fingir tu muerte. En el Valle de la Bruma podrás seguir viviendo bien. Miré las banderas de luto que cubrían el salón y, de pronto, me pareció que tenían razón. El rey quería casarse con la mujer que amaba; Adrián quería recuperar su dignidad tras perder a su esposa; mis padres querían preservar el honor de ambas familias. Bastaba con que yo muriera una vez para que todos pudieran conseguir lo que deseaban. Pero nadie me había preguntado si yo estaba dispuesta. Ya daba igual. Tomé la píldora y me la tragué de un solo golpe. En esta vida, me habían enviado de la casa de mi esposo al palacio y, después, del palacio a un ataúd. Si en este vasto mundo no había un lugar al que pudiera llamar hogar, entonces no iría a ninguna parte.
Cuento corto · Romance
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Soy protagonista, pero ya no sigo tu guion

Soy protagonista, pero ya no sigo tu guion

Emilia Navarro recibió tres disparos para proteger a Adrián Montenegro, el hombre frío e inaccesible que la había criado, y solo entonces doña Mercedes aceptó por fin que se casara con él. Pero mientras Emilia permanecía inconsciente a causa de sus heridas, Adrián anunció que la mujer con la que pensaba casarse era Mariana Mendoza, una joven de bajos recursos a quien la familia Montenegro había ayudado a estudiar. La noticia causó un enorme revuelo en toda la ciudad. Al fin y al cabo, todos sabían lo indomable que era aquella rosa que Adrián había cultivado con sus propias manos. Mariana no era más que una joven reportera en prácticas del Diario de Puerto Real. Para alguien como Emilia, ni siquiera era digna de su atención. Por eso, cuando Emilia apareció en la fiesta de compromiso de Adrián y Mariana, casi todos los invitados estaban convencidos de que aquella joven que se había atrevido a enamorarse del amigo de su padre volvería a montar un escándalo. Incluso Adrián endureció el semblante y, por instinto, se puso delante de Mariana para protegerla. —Emilia, compórtate. Pero Emilia simplemente sonrió con dulzura y, con un tono particularmente dócil, dijo: —Felicidades, Adrián. Me alegra que hayas encontrado a la mujer de tu vida.
Cuento corto · Imaginación
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Mi FlashBoda con el Rey de Mafia

Mi FlashBoda con el Rey de Mafia

Después de diez años a su lado, siempre apoyando a Félix en todo, ayudándolo a llegar a lo más alto del poder en la mafia, yo era su mano derecha, la persona en la que más confiaba. Pero lo que nunca imaginé era lo que él había hecho a mis espaldas. Tomó nuestra isla, la que habíamos logrado con tanto trabajo y astucia, y le dio el nombre de mi mejor amiga, Lilian. La razón era tan cruel como desgarradora: ella estaba gravemente enferma, y su último deseo había sido casarse con Félix en esa isla que ahora llevaba su nombre. Félix, en su afán por guardar el secreto, les prohibió a todos que me dijeran la verdad. Pero lo que él no sabía era que Lilian, en todo momento, me iba contando, prácticamente en vivo, cada detalle de aquella farsa. Esa misma noche, lloré tanto que perdí la noción de lo que sucedía, mientras Félix pasaba la noche con Lilian, en la isla, sin importarle nadie más. Mientras yo, destrozada, yacía en un charco de sangre, luchando por respirar, él estaba junto a Lilian en el hospital. Por esto, cinco días después, acepté la propuesta de matrimonio de Harold, el rey de la mafia.
Cuento corto · Romance
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La verdadera heredera murió y toda la familia enloqueció

La verdadera heredera murió y toda la familia enloqueció

Soy la verdadera hija de mis padres, pero tres meses después de mi regreso a casa, la falsa heredera desapareció. Mi hermano determinó que yo, por celos, había obligado a la dichosa falsa heredera a huir, mientras las miradas decepcionadas de mis padres revelaban sus verdaderos pensamientos. Me mantuvieron atada en el sótano, sometiéndome a interrogatorios diarios. Aún después de muerta, enviaron mi cerebro a un instituto de investigación. Por eso más tarde, desde el cielo, observé plácidamente cómo se derrumbaban al ver mis recuerdos.
Cuento corto · Romance
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Juntas, pero Sin Ellos

Juntas, pero Sin Ellos

Justo antes de la fiesta de compromiso, mi camerino se incendió de repente, causando una explosión, y haciendo que los vidrios que estallaron se incrustaran por todo mi cuerpo. Mi amiga Crista Ocampo me cubrió como pudo, mientras huíamos de las llamas. En el hospital, ella se quedó a mi lado mientras yo luchaba entre la vida y la muerte, y se encargó de llamar a mi prometido, Antonio Gamarra. Al otro lado del teléfono, él contestó con total desinterés: —Erika tiene dolor de estómago, la estoy acompañando mientras le ponen suero. Si no hay nada más urgente, hablamos luego —y colgó sin más. Crista, enfurecida, soltó una sarta de improperios y llamó a su novio, Santiago Silva, para pedirle que buscara un especialista que pudiera salvarme. —¡¿Podrías dejar de molestar, por favor?! ¡Erika está mal y estoy buscándole un especialista! —contestó Santiago. Cuando regresé de la muerte y crucé miradas con Crista, le dije con voz firme: —Quiero romper el compromiso. Crista no vaciló ni un instante y respondió: —Si tú lo rompes, yo también rompo el mío. El resultado fue que aquellos dos hombres entraron en pánico.
Cuento corto · Romance
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El Premio De Consolación No Soy Yo

El Premio De Consolación No Soy Yo

Dos días antes de nuestra cita en el Registro Civil, nuestros amigos propusieron que cada uno escogiera una caja sorpresa. Todos aseguraron que así tendríamos las mismas probabilidades de ganar. Cuando abrí la mía, solo encontré una tarjeta: "Gracias por participar". Durante un instante, nadie dijo nada. Después, alguien no pudo contener la risa. Mi prometido, Miguel Rivas, me acarició la cabeza. —Sigues con tan mala suerte como siempre. Mi amigo de la infancia, Matías Ferrer, añadió en voz baja: —Sonríe un poco. No dejes que crean que no sabes perder. En la misma ronda, Verónica Vega recibió el premio especial. Este incluía un collar de diamantes rosas elegido personalmente por Miguel, un viaje para dos a una isla con el que yo llevaba tres años soñando y una tarjeta escrita por Matías: "De ahora en adelante, estaremos a tu lado para protegerte". Yo también sonreí y guardé la tarjeta en el bolso. Después de todo, ganar un premio era cuestión de suerte. Hasta que fui al baño y oí al presentador repasar la lista en el salón privado: —Señor Rivas, ¿los premios se entregaron correctamente? El especial era para la señorita Vega y el de consolación, para Elvira Montes. Miguel respondió que sí en voz baja. nuestros amigos propusieron que cada uno eligiera una caja sorpresa
Cuento corto · Romance
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La Gemela que Dejaron Atrás

La Gemela que Dejaron Atrás

Mientras completábamos nuestras solicitudes en el Portal Nacional de Admisiones Universitarias, todos se reunieron alrededor de mi hermana gemela, Isabela Salazar, para ayudarla a decidir a qué universidad postularse. Mi hermano mayor, Gabriel Salazar, señaló en la pantalla la Universidad Nacional de Santa Aurelia. —Obvio que deberías postularte a la mejor universidad. Así podremos estudiar en la misma universidad y yo podré cuidarte. Mi amigo de la infancia, Mateo Ortega, empujó hacia ella el folleto de la Universidad Central de Santa Aurelia. —No le hagas caso a Gabriel. Postulémonos juntos. Así podremos ser compañeros durante los cuatro años. Mis padres sonrieron, encantados. —Qué bueno que vayas a la capital. Si tienes a alguien que te cuide, nosotros nos quedaremos tranquilos. Tardaron bastante en recordar que yo, Estrella Salazar, también acababa de presentar los exámenes nacionales de admisión universitaria. —Como tus calificaciones son bajas, postúlate a cualquier universidad de Santa Aurelia —me dijo mi madre. Sin levantar la cabeza, Gabriel asintió. —Sí. Así estaremos los cuatro en la misma ciudad y podremos reunirnos los fines de semana. Mateo me apuró como de costumbre. —El plazo para enviar las solicitudes termina en media hora. No vayas a distraerte y dejar la tuya incompleta otra vez. Mis dedos se cerraron poco a poco sobre la guía de admisiones.
Cuento corto · Drama Realista
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La tormenta llegó antes que tú

La tormenta llegó antes que tú

—Señorita Summers, el señor Quinn ya aprobó su renuncia. No se dio cuenta de que era usted quien se iba. ¿Quiere que se lo informe? Al escuchar la noticia por teléfono, Yara Summers bajó la mirada. —No. Está bien. Déjelo así. —Ha sido su secretaria durante cuatro años. Es a usted a quien más valora y de quien más depende. ¿Está segura de que no quiere reconsiderarlo? El departamento de Recursos Humanos siguió intentando convencerla, pero Yara se limitó a sonreír.
Cuento corto · Romance
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