Mundo ficciónIniciar sesiónEl día que le propuse el divorcio, Henry Novak no pudo esperar para poder firmar el papel de la separación conmigo. Hace cinco años, yo lo había disque obligado a casarse conmigo. Ahora, por fin, ya era libre. Pero el día que oficialmente nos divorciamos, Henry llegó acompañado de Ramona Girard, "su lucecita", como bien solía llamarla. Pero expresión reflejaba una mezcla de alegría hacia ella y burla hacia mí. —Nola Savic, hasta alguien como tú puede tener un día tan patético como este. Lo observe desaparecer de mi vista. ¿Patético? Nunca más me rebajaría.
Leer másMiré a mi alrededor, pero no la vi hasta que noté un grupo de gente reunida en el parque y precisamente debajo de un palo de mango de esos que tanto le gustaba.Entre las zonas que la multitud no llegaba a cubrir, creí ver una figura conocida.Parecía ser Nola.Mis pasos se tambalearon mientras me apresuraba hacia allá, derramando casi todo mi café en mi mano. El líquido hirviendo dejó una quemadura roja alrededor de mi palma.Su cara estaba pálida, y yacía en el suelo, inmóvil.Sin importar nada más, me abrí paso y la sostuve en mis brazos. Fue entonces cuando me di cuenta de que su ropa estaba empapada en sangre.¿Cómo… cómo pudo pasar esto?Mi mente rebobinó al día en que finalizamos el divorcio. Después de que se fue, la señora de la limpieza mencionó haber encontrado un bote de basura lleno de pañuelos manchados de rojo. Me preguntó si alguien se había lastimado.En ese momento, estaba tan obsesionado con vengarme de Nola que ni siquiera presté atención a sus palabras. Solo le dij
Cuando estaba saliendo, choqué con alguien.Levanté la mirada, era Henry.Parecía que me estaba esperando a propósito.Pero ya estábamos divorciados. No se me ocurría ninguna razón por la que viniera a buscarme.Pasé por su lado como si él fuera un poste, sin mirarlo ni una vez más.Caminé despacio, y él se quedó dónde estaba por un momento, probablemente sorprendido de que no le dijera ni una palabra.Luego, se movió, bloqueando mi camino, con una expresión un poco desconcertada.—¿A dónde te vas?Las lágrimas todavía enmarcaban mi rostro. Lo miré con irritación.—Eso no es asunto tuyo.Sus ojos se abrieron con sorpresa. Supongo que no estaba acostumbrado a que le hablara así. Durante todos estos años, siempre había sido amable con él.Se quedó inmóvil unos segundos antes de agarrar mi brazo.—Ven conmigo, de vuelta a tu hogar.Internamente me reí, pensando que tal vez mis alucinaciones estaban empeorando. Por primera vez, escuché a Henry decirme la palabra "hogar."Recordé el "hogar"
Esta era la primera vez que Henry mostraba verdaderamente preocuparse por mí. Pero era cómico a decir la verdad: hasta ahora, después de divorciarnos, se daba cuenta de que había perdido peso.Al parecer, yo siempre había escondido bien todo frente a él.Pero nunca fingí. En verdad la vida se me estaba yendo de los dedos a pasos agigantados.Antes de que pudiera responderle, Henry recibió una llamada y se preparó para irse.Estábamos cerca, así que escuché la voz suave de una mujer al otro lado, era Ramona. Le preguntaba cuándo volvería a casa para cenar con ella.Sonreí amargamente y la rechace. Por un momento, había sido tan ingenua como para pensar que en serio le importaba.Tomé un taxi de vuelta al hospital y dormí profundamente.Al despertar, le pedí al doctor Babic que me acompañara a un centro comercial cercano a comprarme un vestido.Pensé que mañana, al visitar a mis papás con Cristian, al menos debería verme presentable, llena de energía y luciendo bien bonita.Me puse la nu
De repente, sentí una tristeza profunda invadir mi ser. Con los años, la distancia entre mi hermano y yo se había vuelto enorme. Desde la tragedia de mis padres, no nos habíamos sentado a nunca a platicar como antes.Después de un largo silencio, Cristian ajustó mi cobija y dijo:—Un mal sueño, ¿verdad? Duerme tranquila. Yo me quedo aquí cuidándote.Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, y obedecí, volviendo a acostarme.—Cristian.Saqué la cabeza de debajo de la cobija y pregunté con cuidado:—¿Todavía me culpas?Con la luz apagada, en la oscuridad, escuché su respuesta:—Nunca te culpé, todo fue mi culpa. Todos estos años, te he hecho pasar por muchas penas.Me tapé la cabeza con la cobija y lloré en silencio.Sentí como si todas las cargas y el dolor de estos años se desvanecieran en ese instante.Después de un rato, me asomé de nuevo y lo vi sentado tranquilamente al lado de mi cama, velando por mí.Recordé las vendas blancas en su mano izquierda y le pregunté con voz ronca:—
Último capítulo