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Cediendo a mi Amor

Cediendo a mi Amor

Seis años compartidos con Marco Torriani. Él controlaba las riendas del poder en Capital Próspero de Nueva York, de ascendencia italiana, uno de los nuevos magnates financieros que dominaba Wall Street en Manhattan. Pero muy pocas personas sabían que Marco proviene de la antigua mafia siciliana "la familia Torriani". Capital Próspero era la empresa que él y yo fundamos. Durante incontables madrugadas, él bebía whisky mientras negociaba en el club. Yo permanecía fiel a su lado, ayudándolo con las cuentas, controlando la situación, memorizando una a una cada línea de los contratos de apuestas. Esos rompecabezas del mapa del poder los completamos juntos. Una vez por ingenuidad pensé que me convertiría en la mujer que estaría a su lado, gobernando esta ciudad junto a él. Hasta que hace dos meses, su amor de la infancia, Sofía Greco, se mudó de Sicilia a Nueva York. Fue entonces cuando descubrí que él siempre había estado esperando con ansias a que ella regresara. Le dije: —Marco, quiero casarme. Él respondió con cierta dificultad en su voz: —Isabella, ya sabes que la empresa está en una etapa crítica de financiamiento, por ahora no tengo tiempo para pensar en... —Tranquilo no hay problema. —Sonreí con indiferencia. Marco malinterpretó mis palabras. Sí, me voy a casar, pero no con él.
Cuento corto · Mafia
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La Búsqueda

La Búsqueda

Fui prisionera de Luis en una isla remota durante medio año. La gente decía que él había gastado millones para comprarme aquella isla. La seguridad que había en ese lugar era comparable a la de la Casa Blanca. Ni un solo pájaro que volara por encima de esa zona podía escapar sin que le volaran las plumas y el pescuezo de un balazo. Pero nadie sabía que esos cuidados y atenciones que todos envidiaban, para mí no eran más que una tortura. Hasta que él encontró a una chica que se parecía demasiado a mí. Fue entonces cuando comenzó a perder el interés en mí. Un día, ella aprovechó que él no estaba y llegó a la isla con un grupo de personas. Me rompió la mano, me marco la cara con un cuchillo y luego me metió en una jaula para perros. Cuando Luis me encontró, ya estaba al borde de la muerte. —¡Luis, esta mujer quería ganarse tu confianza imitándome! ¡Seguro es una usurpadora! ¡Hay que hacerla pagar un alto precio por esto!
Cuento corto · Drama Realista
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No más tu falso amor ni ser la sustituta de Luna

No más tu falso amor ni ser la sustituta de Luna

Soy la Omega que el Alfa Carlos recogió de una zona de exilio en la frontera. Después de convertirnos en pareja, me colmó de cariño sin importarle lo que pensaran los demás. Todos decían que el frío y temido Alfa Carlos tenía a una Omega vagabunda en la palma de su mano, desafiando la voluntad de la Diosa Luna. Yo también llegué a pensar que me amaba tanto, que no podía evitar proclamarle al mundo entero su devoción por mí. Hasta que un día, por casualidad, escuché su conversación con su asistente: —Como Alfa del Este, con diez manadas bajo mi mando y tantos enemigos al acecho, si no convierto a Margarita en mi punto débil, en mi única debilidad aparente, ¿cómo voy a garantizar la seguridad de Fiona? Resulta que todas las heridas que sufrí por él… no fueron más que una burla. Si es así, dejaré de ser la Luna del Este. El último día del conteo regresivo, marqué un número: —Acepto su invitación. Estoy dispuesta a ir a la zona fronteriza para realizar investigaciones de hierbas durante los próximos diez años... Cuando descubrió que me había ido, Carlos llegó con los ojos enrojecidos, tragándose su orgullo. —Margarita... ¿de verdad vas a dejarme?
Cuento corto · Hombres Lobo
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El Alfa Que Perdió A Su Luna

El Alfa Que Perdió A Su Luna

Mi nombre es Rebecca, fui la compañera de Gavin Clarke, el Alfa de la Manada Ironpelt, la más fuerte entre las manadas de hombres lobo del norte. Gavin era un genio para los negocios, de esos que solo aparecen una vez por siglo; sus redes comerciales se extendían por una docena de manadas del norte, convirtiendo a la suya en un imperio próspero. Fui suya durante cuatro años. Estábamos juntos, esperando nuestra ceremonia de unión... hasta que Vivian, su amor de la infancia, regresó. En el instante en que los vi reunirse, la verdad me hizo pedazos: lo que yo creía que era amor nunca fue más que una ilusión mía. Solo tenía ojos para ella. Yo solo había sido... conveniente. Al menos nunca me había marcado. No había un vínculo de apareamiento, solo papeleo del Consejo de la Manada. Eso lo hacía todo más simple. Así que planeé mi venganza: disfracé el Acuerdo de Disolución del Vínculo de Pareja como un simple permiso universitario. Cuando su pluma tocó el papel, nuestro vínculo se disolvió con el trazo de la tinta. Él nunca se dio cuenta de lo que perdió ese día: no solo a una compañera, sino al futuro heredero del legado Ironpelt. Ahora me persigue por todos los continentes. ¿Es por amor? ¿O por el cachorro? ¿O es solo el orgullo de un Alfa, herido porque lo engañé para que disolviera el vínculo sin siquiera darse cuenta de que le había ganado la partida?
Cuento corto · Hombres Lobo
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Esposa sustituta

Esposa sustituta

— Bueno, supera el asombro y vamos. Necesito que te vistas rápido, tú y tu hermana tienen la misma contextura. — dice mi madre midiendo por encima de la ropa el vestido de novia. — No, ella es más delgada. — Bueno, no respires para que te entre el vestido. Un golpe se escucha y mis padres ahogan un gemido cuando en medio de gruñidos, alguien grita: ¡¿Dónde está Marisa?! Entonces era por eso. Se ha ido. — digo mentalmente. Mis padres retroceden y la puerta de la habitación, se abre de un golpe con una patada que rompe la puerta, mostrando al hombre que hiperventila del enojo. — ¡¿Dónde está?! — pregunta molesto. — Ella… — No necesitas preocuparte, señor Lennox, aquí esta mi hija mayor. Ella es tan buena como Marisa. — ¿Tan poca cosa soy que me entregas a esta mujer que tanto desprecian? — pregunta Harding molesto y yo bajo mi mirada, con dolor. — Señor… solo será por ahora. Se casará con el velo cubriendo su rostro. Ya cuando ella vuelva, podremos hacer la boda como lo desee. — Entonces, ¿ella es la sustituta de Marisa? — Exactamente. Ella solo será una esposa sustituta que tendrá que darle el lugar a mi hija cuando vuelva. Porque le aseguro que ella va a volver. — dice mi padre empujándolo hacia él y Harding, me toma de la barbilla con fuerza, haciendo que me queje. — ¿Ella vale la pena? Aunque sea sustituta, ¿esta a mi altura? ¿A la altura de la señora Lennox aunque sea por un día? — Es virgen, señor. Puede tomarla como compensación — dice mi madre desesperada y algo en mi interior, duele.
Romance
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Las luces que no me alcanzan

Las luces que no me alcanzan

Lucas había muerto. Unos días antes del funeral, Mariana ordenaba sus cosas cuando encontró un álbum grueso. En la portada, escrito con letras firmes, se leía: Amor eterno. Lo abrió... y allí no estaba ella, la esposa legítima. Era Helena, la joven que Lucas había acogido años atrás. Pero lo peor no era eso: toda la herencia de Lucas también quedaba a nombre de ella. Mariana murió con el corazón envenenado por el rencor. Y, sin entender cómo, al cerrar los ojos los volvió a abrir... en el pasado. Exactamente en la víspera de su boda con Lucas. Esta vez no pensaba entregarle la vida entera. Decidió vivir para sí misma, perseguir sus propios sueños y marcharse lejos. Lo que nunca imaginó fue que, al verla marcharse, Lucas perdería la cabeza y la buscaría con desesperación por todas partes.
Cuento corto · Reencarnación
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El bebé de mi cuñado

El bebé de mi cuñado

Helena está desesperada, necesita dinero para pagar sus deudas que crecen y crecen ya que debe hacerse cargo de su hermano menor enfermo. Un puesto de secretaria presidencial en INDUSTRIAS ALLER S.A. podría cambiar su vida, pero Helena jamás pensó que un requisito indispensable sería tener que soportar diariamente al CEO de la empresa, Sebastián Aller, el hijo mayor y heredero de las riquezas de su familia. El deseo de Helena de una vida mejor se cruzará con los deseos de Sebastián, quien se regocija de que su riqueza va a aumentar al unirse en un matrimonio acordado con su nueva esposa Europea, hasta que aparece una cláusula en el contrato. Sebastián teme no poder cumplir con este nuevo requisito, perdiendo todo y dejando como nuevo CEO a su envidioso y resentido hermano menor Alan, quien hará lo imposible por destruir su vida. ¿Será Helena quien ayude a Sebastián a cumplir con esta cláusula? Helena no sabe hasta donde llegará con tal de que su hermano tenga una vida mejor.
Romance
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Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Cada semana, mi Alfa Bruce llevaba a una mujer distinta a casa, y frente a mí, en nuestra propia cama, se entregaba al desenfreno. Cada traición desgarraba mis sentidos; dolía como si unas garras afiladas me abrieran el alma. Él me odiaba; por eso me torturaba, una y otra vez, burlándose de mi confianza con su traición carnal. La noche de nuestro décimo aniversario llevó a la amante que había mantenido en secreto durante cinco años hasta nuestro territorio. Ella calzaba mis tacones, vestía mi traje de gala hecho a medida y lucía el anillo y el collar que yo había creído símbolos de nuestra promesa. Él, de pie ante todos los invitados, se burló: —¿No te gusta su vestido? Quítate el tuyo y dáselo. Ah, y esta noche no necesito que me atiendas. Ella es cien veces mejor que tú en la cama. La multitud estalló en carcajadas, convirtiéndome en su objeto de burla. Pero yo me levanté con calma y lo miré: —Quiero romper el vínculo. Él reaccionó como si oyera el chiste más aburrido: —Eso lo has dicho cien veces; ya me harté. ¿De verdad estás dispuesta a renunciar al puesto de Luna? Te arrastraste para que te marcara; tú te aferraste sin dignidad. La gente volvió a reírse a carcajadas. Pero ellos no sabían que, de todas esas cien veces, esa vez yo estaba decidida a terminar con esa agonía. Esa vez no lo quería ni a él ni al poder y la gloria de ser su Luna. Había decidido romper por completo el lazo de nuestras almas.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Reescribiendo el destino. No volveré a amarte

Reescribiendo el destino. No volveré a amarte

Había estado enamorada de Carlos Cruz, el mejor amigo de mi hermano y único jefe de la mafia de Nueva York, desde que tenía memoria. En la noche de mi vigésimo cumpleaños, mi hermano me prometió darme una gran sorpresa. Jamás imaginé que esa sorpresa sería un Carlos muy borracho y muy dispuesto a ser besado. Después de esa noche de imprudencias, el resultado fue un bebé. Carlos aceptó casarse conmigo tras quedar embarazada, pero el día en que nació Leo, no dijo ni una palabra, simplemente recogió sus cosas y desapareció rumbo a Francia por casi cinco años. Cuando regresó, estaba acompañado por Alexandra, su primer amor. Sin embargo, cuando ella nos vio a Leo y a mí, huyó, desapareciendo de su vida para siempre. Después de eso, Carlos volvió a mi lado, fue como si intentara ser el hombre que siempre necesité, como si por fin nos diera una oportunidad. Pero los cuentos de hadas son mentiras envueltas en un papel bonito. En el sexto cumpleaños de Leo, íbamos camino a cenar cuando los frenos del automóvil fallaron. El coche derrapó en la autopista y las llamas lamieron el motor. De inmediato, Carlos salió del auto, y cerró la puerta con llave. —Si no fuera por ti, Alexandra seguiría a mi lado. Ahora es tu turno de sufrir —exclamó. Fue en ese instante cuando finalmente lo comprendí: Carlos nunca me había amado. Cuando volví a abrir los ojos, estaba de vuelta en mi cumpleaños número veinte. Carlos estaba en mi cama, justo donde lo había dejado en el pasado. Sin embargo, esta vez no dudé, simplemente corrí. Y, al salir, hice la llamada que debí haber hecho la primera vez; contacté a Alexandra.
Cuento corto · Mafia
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Los imperdonables

Los imperdonables

En nuestro séptimo aniversario de bodas, también conocidas como las bodas de lana, la exnovia de mi esposo le regaló un gatito a nuestro hijo. Pero yo soy alérgica al pelo de gato, me salió un sarpullido por todo el cuerpo y más grave aún, que yo en ese momento estaba embarazada y me acabe con que esto afectara el bebe que llevaba en camino, así que le ordené a mi hijo que devolviera el bendito gato. Mi hijo, Robertito, de tan solo cinco años, llorando, me empujó, pero lo hizo con tanta fuerza que perdí el equilibrio y me caí al suelo: —¡No! Eres mala, y no quiero que seas mi mamá, ¡quiero que la tía Lucía sea en cambio mi mamá! Alejandro Martínez, con rabia me reprendió: —Nunca habías mostrado alergia antes y ahora que Lucía te regala un gato, ¿de repente sí? ¿Tanta es tu envidia con ella que no puedes pensar en lo que tu hijo siente? Nunca había visto a alguien tan testaruda como tú. Él levantó a Robertito en brazos, tomó al gato y se fue a buscar a Lucía. Yo, tirada en el suelo, observé impotente cómo la sangre fluía libremente por mi pantalón. Así fue como termine perdiendo a nuestro segundo hijo. En el hospital, me consumía el dolor. Mientras tanto, padre e hijo acompañaban a Lucía de viaje, como si fueran una verdadera familia. Lucía me envió un mensaje: —¿Sabes por qué Alejandro me ama, pero se casó en cambio contigo? Porque no quise arriesgarme a tener hijos, y él quería una parejita. Lástima pues que perdiste al tuyo. En ese momento, sentí mucha desesperación. Encargué a un abogado los trámites del divorcio y compré un billete de avión para volver a mi hogar natal lo antes posible. Solo deseaba no volver a ver a mi dichoso marido y el mentiroso de mi hijo nunca más.
Cuento corto · Romance
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