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Esposa sustituta

Esposa sustituta

— Bueno, supera el asombro y vamos. Necesito que te vistas rápido, tú y tu hermana tienen la misma contextura. — dice mi madre midiendo por encima de la ropa el vestido de novia. — No, ella es más delgada. — Bueno, no respires para que te entre el vestido. Un golpe se escucha y mis padres ahogan un gemido cuando en medio de gruñidos, alguien grita: ¡¿Dónde está Marisa?! Entonces era por eso. Se ha ido. — digo mentalmente. Mis padres retroceden y la puerta de la habitación, se abre de un golpe con una patada que rompe la puerta, mostrando al hombre que hiperventila del enojo. — ¡¿Dónde está?! — pregunta molesto. — Ella… — No necesitas preocuparte, señor Lennox, aquí esta mi hija mayor. Ella es tan buena como Marisa. — ¿Tan poca cosa soy que me entregas a esta mujer que tanto desprecian? — pregunta Harding molesto y yo bajo mi mirada, con dolor. — Señor… solo será por ahora. Se casará con el velo cubriendo su rostro. Ya cuando ella vuelva, podremos hacer la boda como lo desee. — Entonces, ¿ella es la sustituta de Marisa? — Exactamente. Ella solo será una esposa sustituta que tendrá que darle el lugar a mi hija cuando vuelva. Porque le aseguro que ella va a volver. — dice mi padre empujándolo hacia él y Harding, me toma de la barbilla con fuerza, haciendo que me queje. — ¿Ella vale la pena? Aunque sea sustituta, ¿esta a mi altura? ¿A la altura de la señora Lennox aunque sea por un día? — Es virgen, señor. Puede tomarla como compensación — dice mi madre desesperada y algo en mi interior, duele.
Romance
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A Tres Días del Final, Me Cambió por Otra Omega

A Tres Días del Final, Me Cambió por Otra Omega

Yo soy el Omega más insignificante de la manada, pero terminé siendo el compañero destinado de Beck, el Alfa. Por mi estatus tan bajo, en todos los eventos donde debíamos aparecer juntos, él jamás me permitió asistir.Organicé para él dieciocho celebraciones grandiosas, pero ni siquiera en nuestro aniversario me dejó presentarme. Hasta que en la décima novena ocasión, Beck, sorprendentemente, aceptó que yo fuera. Estaba emocionado, me arreglé con toda ilusión… solo para encontrar a Beck tomado de la mano de Wendy, otra Omega. Ellos, muy cariñosos, reemplazaron el video de recuerdos que preparé con escenas dulces de los dos juntos. Beck, abrazando a Wendy y mirándome con desprecio, me dijo: —Mi Luna necesita el reconocimiento de todos en la manada. Y tú, Clara, nunca tuviste un lugar oficial como Luna. Wendy lo consiguió antes que tú. Desde hoy, ella ocupará tu lugar. Todos los miembros de la manada esperaban que yo perdiera la cabeza, que hiciera un escándalo… Pero en lugar de eso, sentí una extraña paz, casi un alivio. Porque faltaban solo tres días para que el contrato de compañero entre Beck y yo llegara a su fin.
Cuento corto · Hombres Lobo
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No más tu falso amor ni ser la sustituta de Luna

No más tu falso amor ni ser la sustituta de Luna

Soy la Omega que el Alfa Carlos recogió de una zona de exilio en la frontera. Después de convertirnos en pareja, me colmó de cariño sin importarle lo que pensaran los demás. Todos decían que el frío y temido Alfa Carlos tenía a una Omega vagabunda en la palma de su mano, desafiando la voluntad de la Diosa Luna. Yo también llegué a pensar que me amaba tanto, que no podía evitar proclamarle al mundo entero su devoción por mí. Hasta que un día, por casualidad, escuché su conversación con su asistente: —Como Alfa del Este, con diez manadas bajo mi mando y tantos enemigos al acecho, si no convierto a Margarita en mi punto débil, en mi única debilidad aparente, ¿cómo voy a garantizar la seguridad de Fiona? Resulta que todas las heridas que sufrí por él… no fueron más que una burla. Si es así, dejaré de ser la Luna del Este. El último día del conteo regresivo, marqué un número: —Acepto su invitación. Estoy dispuesta a ir a la zona fronteriza para realizar investigaciones de hierbas durante los próximos diez años... Cuando descubrió que me había ido, Carlos llegó con los ojos enrojecidos, tragándose su orgullo. —Margarita... ¿de verdad vas a dejarme?
Cuento corto · Hombres Lobo
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Los imperdonables

Los imperdonables

En nuestro séptimo aniversario de bodas, también conocidas como las bodas de lana, la exnovia de mi esposo le regaló un gatito a nuestro hijo. Pero yo soy alérgica al pelo de gato, me salió un sarpullido por todo el cuerpo y más grave aún, que yo en ese momento estaba embarazada y me acabe con que esto afectara el bebe que llevaba en camino, así que le ordené a mi hijo que devolviera el bendito gato. Mi hijo, Robertito, de tan solo cinco años, llorando, me empujó, pero lo hizo con tanta fuerza que perdí el equilibrio y me caí al suelo: —¡No! Eres mala, y no quiero que seas mi mamá, ¡quiero que la tía Lucía sea en cambio mi mamá! Alejandro Martínez, con rabia me reprendió: —Nunca habías mostrado alergia antes y ahora que Lucía te regala un gato, ¿de repente sí? ¿Tanta es tu envidia con ella que no puedes pensar en lo que tu hijo siente? Nunca había visto a alguien tan testaruda como tú. Él levantó a Robertito en brazos, tomó al gato y se fue a buscar a Lucía. Yo, tirada en el suelo, observé impotente cómo la sangre fluía libremente por mi pantalón. Así fue como termine perdiendo a nuestro segundo hijo. En el hospital, me consumía el dolor. Mientras tanto, padre e hijo acompañaban a Lucía de viaje, como si fueran una verdadera familia. Lucía me envió un mensaje: —¿Sabes por qué Alejandro me ama, pero se casó en cambio contigo? Porque no quise arriesgarme a tener hijos, y él quería una parejita. Lástima pues que perdiste al tuyo. En ese momento, sentí mucha desesperación. Encargué a un abogado los trámites del divorcio y compré un billete de avión para volver a mi hogar natal lo antes posible. Solo deseaba no volver a ver a mi dichoso marido y el mentiroso de mi hijo nunca más.
Cuento corto · Romance
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Reescribiendo el destino. No volveré a amarte

Reescribiendo el destino. No volveré a amarte

Había estado enamorada de Carlos Cruz, el mejor amigo de mi hermano y único jefe de la mafia de Nueva York, desde que tenía memoria. En la noche de mi vigésimo cumpleaños, mi hermano me prometió darme una gran sorpresa. Jamás imaginé que esa sorpresa sería un Carlos muy borracho y muy dispuesto a ser besado. Después de esa noche de imprudencias, el resultado fue un bebé. Carlos aceptó casarse conmigo tras quedar embarazada, pero el día en que nació Leo, no dijo ni una palabra, simplemente recogió sus cosas y desapareció rumbo a Francia por casi cinco años. Cuando regresó, estaba acompañado por Alexandra, su primer amor. Sin embargo, cuando ella nos vio a Leo y a mí, huyó, desapareciendo de su vida para siempre. Después de eso, Carlos volvió a mi lado, fue como si intentara ser el hombre que siempre necesité, como si por fin nos diera una oportunidad. Pero los cuentos de hadas son mentiras envueltas en un papel bonito. En el sexto cumpleaños de Leo, íbamos camino a cenar cuando los frenos del automóvil fallaron. El coche derrapó en la autopista y las llamas lamieron el motor. De inmediato, Carlos salió del auto, y cerró la puerta con llave. —Si no fuera por ti, Alexandra seguiría a mi lado. Ahora es tu turno de sufrir —exclamó. Fue en ese instante cuando finalmente lo comprendí: Carlos nunca me había amado. Cuando volví a abrir los ojos, estaba de vuelta en mi cumpleaños número veinte. Carlos estaba en mi cama, justo donde lo había dejado en el pasado. Sin embargo, esta vez no dudé, simplemente corrí. Y, al salir, hice la llamada que debí haber hecho la primera vez; contacté a Alexandra.
Cuento corto · Mafia
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El Día de Nuestra Boda, Dejé Ir a Mi Alfa

El Día de Nuestra Boda, Dejé Ir a Mi Alfa

En el quinto año de mi vínculo con el Alfa Tomás, su amor de infancia, Beatriz Beltrán, apareció en todos los tabloides del territorio. Embarazada. Sin pareja. Y acusada de haber destrozado el lazo de otra unión. Los rumores llegaron como una emboscada de un lobo renegado. Pero fue su reacción lo que verdaderamente me destrozó. —El padre de Beatriz me salvó una vez. —Dijo. —Ella no tiene manada, ni familia. Todo lo que ha conseguido… lo logró con sus propias garras. Sola. Mis dedos se aferraron con más fuerza a la prueba de embarazo escondida en mi bolso. —Y la única manera de protegerla ahora, —continuó sin siquiera mirarme a los ojos, —es casándome con ella. Debo reclamar al cachorro como mío. —¿Y qué hay de mí? —Pregunté, apenas un susurro. La voz se me quebró. La Manada Fuego Solar y la Manada Colmillo Dorado —mi manada— habían sido aliadas por más de un siglo. —¿Cómo voy a explicar este rechazo repentino a mis padres? ¿A mi manada? ¿A los ancianos? Todos saben que tenemos un vínculo de pareja. Tomás inhaló con fuerza. —Diles que siempre fue un arreglo por conveniencia. Que nunca hubo amor verdadero entre nosotros. Mi loba mostró los dientes al escuchar eso. Él tuvo el descaro de apartar la mirada. —Cuando pase la tormenta mediática, iré por ti. Te traeré de vuelta a la Manada Fuego Solar y te daré la boda grandiosa que mereces. Lo miré fijamente. Este Alfa… ¿en serio me estaba diciendo que se casaría con otra loba, reclamaría a su cachorro, me dejaría destrozada por el chisme y la especulación de las manadas, y luego qué? ¿Me ofrecería su matrimonio como si fuera un acto de caridad? Mis dedos temblaron, deseando lanzarle la prueba de embarazo. Pero no lo hice. Me reí. Durante tres años, había sido la mujer a la que él descartaba—una y otra vez. Y ahora, hasta mi matrimonio sería sacrificado por ella. Entonces lo sentí, como una daga helada clavándose en mi pecho: era hora de dejarlo.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Firmé Su Nombre En Su Lugar

Firmé Su Nombre En Su Lugar

Un trato entre familias forzó a mi prometido Marco Corvini a casarse conmigo. Mis padres estaban muertos. Su obsesión era Isabella Falcone, la princesa de nuestros rivales. Al final, Marco devoró el imperio de mi familia y me arrojó a los lobos. Paseó a Isabella de su brazo como un premio que había ganado. Veinte años después, estaba en mi lecho de muerte. Mi propio hijo—nuestro hijo—sostenía el veneno. Dijo que era inútil, que su padre necesitaba el poder de la familia Falcone. Entonces abrí mis ojos. Había regresado. De vuelta al día de mi juramento de sangre. Esta vez, para salvar a mi familia, no firmé mi nombre en el pacto. Firmé el de ella. Isabella Falcone. ¿Y yo? Tomé la fortuna que mis padres me dejaron y desaparecí. Esta vez, no sería la tonta sangrando por un hombre que nunca fue mío.
Cuento corto · Mafia
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El bebé de mi cuñado

El bebé de mi cuñado

Helena está desesperada, necesita dinero para pagar sus deudas que crecen y crecen ya que debe hacerse cargo de su hermano menor enfermo. Un puesto de secretaria presidencial en INDUSTRIAS ALLER S.A. podría cambiar su vida, pero Helena jamás pensó que un requisito indispensable sería tener que soportar diariamente al CEO de la empresa, Sebastián Aller, el hijo mayor y heredero de las riquezas de su familia. El deseo de Helena de una vida mejor se cruzará con los deseos de Sebastián, quien se regocija de que su riqueza va a aumentar al unirse en un matrimonio acordado con su nueva esposa Europea, hasta que aparece una cláusula en el contrato. Sebastián teme no poder cumplir con este nuevo requisito, perdiendo todo y dejando como nuevo CEO a su envidioso y resentido hermano menor Alan, quien hará lo imposible por destruir su vida. ¿Será Helena quien ayude a Sebastián a cumplir con esta cláusula? Helena no sabe hasta donde llegará con tal de que su hermano tenga una vida mejor.
Romance
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¡NO QUIERO SER TU SUGAR MAMI!

¡NO QUIERO SER TU SUGAR MAMI!

Desesperada por encontrar pareja para ir al matrimonio de su hermana pequeña con su exprometido, decide buscar por cielo, mar y tierra al hombre perfecto. hasta que se topa con un sexy y desvergonzado piloto de carreras, que hará arder hasta su alma. ¿se puede jugar con fuego y no quemarse verdad?
Romance
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¡Amigas, nos divorciamos juntas! ¡Adiós a los infieles!

¡Amigas, nos divorciamos juntas! ¡Adiós a los infieles!

Mi mejor amiga, Dora, y yo nos casamos con los hermanos Delfin: yo con Oliver, un obstetra reconocido, y ella con Otto, CEO de una farmacéutica. El día de mi cumpleaños, la mujer que mi esposo siempre ha amado me envió el cadáver de un gato callejero, y el susto me provocó un parto prematuro y una embolia. Llamé a Oliver para pedir ayuda, pero él prefirió atender el parto de la perra de su amante. Al final, fue Dora quien me operó y llamó a Otto para pedirle un medicamento esencial para mi bebé. Otto, tan despreocupado como su hermano, se negó: estaba muy ocupado preparando un caldo para la misma perra. Mi bebé murió, y con él, una parte de mí. "Quiero divorciarme," le dije a Dora. "Yo también," respondió ella. "¡Esos infieles no merecen tener esposa!" Cuando pedimos el divorcio, los hermanos finalmente se alarmaron.
Cuento corto · Romance
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