Narrado por Teo
La ciudad seguía en pie. La gente caminaba, el tráfico rugía, el mundo giraba como si nada hubiera pasado.
Pero yo no.
Estaba sentado en mi oficina, rodeado de informes que no leía, de llamadas que no contestaba, de decisiones que se acumulaban como los silencios entre Karina y yo. El cristal del ventanal me devolvía un reflejo que apenas reconocía: el traje impecable, la mandíbula tensa, los ojos vacíos. Un espectro funcional.
Sabía que estaban de regreso. Que Dante y Karina ha