Narrado por Karina
La noche había caído sobre la ciudad, pero dentro de mí seguía siendo tarde, esa tarde detenida que no encontraba salida. Me sentía atrapada entre dos tiempos: la niña que fui y la mujer que ahora sostenía esos papeles como si fueran brasas. Cada palabra escrita se volvía un eco, y ese eco me llevaba de regreso a recuerdos que hasta hace unas horas me parecían refugios seguros.
Me abracé el vientre con ambas manos, buscando un punto de sostén. El bebé. Nuestro hijo. Era lo único que podía anclarme al presente mientras mi pasado se resquebrajaba. Mi respiración se agitó. Las escenas venían una tras otra: Celeste guardando cartas “que nunca llegaron”, Gregory cerrando la puerta de su despacho cuando escuchaba mi voz, los susurros que callaban al notar mis pasos en el pasillo.
Todo estaba ahí, siempre estuvo. Yo solo no lo veía.
Una rabia fría empezó a mezclarse con el dolor. Me sentí engañada, manipulada, como una niña que fue criada entre mentiras envueltas en carici