Narrado por Karina
La tarde cayó lenta sobre la ciudad, como si el mundo hubiera decidido acompañarnos en este letargo extraño donde nada parecía tener lugar salvo nosotros dos. No recuerdo haber salido de su departamento ni haber querido hacerlo. Las horas pasaban y yo seguía allí, como si ese espacio hubiera dejado de ser suyo para volverse nuestro.
Me senté junto a la ventana, abrazando mis rodillas, con los papeles médicos todavía en la mesa. Había intentado leerlos de nuevo, como si releer