Narrado por Karina
El silencio que quedó tras sus palabras todavía me golpeaba en el pecho. Sentía el corazón apretado, como si alguien lo hubiese tomado entre las manos y lo estrujara con fuerza. Mi llanto aún no cesaba; cada lágrima que descendía era la expresión de un miedo tan antiguo como la primera vez que supe lo que era perder.
Teo estaba frente a mí, con la mirada fija en el suelo, la mandíbula tensa, como si confesarse me hubiera desgarrado a él mismo más que a mí. Me habló de su enfe