Narrado por Karina
El aire del vestíbulo me supo distinto al salir de aquella oficina. Era como si hubiera atravesado un umbral invisible: de la sombra a la luz, de la sumisión al poder. Mis pasos resonaban en el mármol como un eco que no pertenecía a la niña rota que alguna vez había sido, sino a la mujer que acababa de recuperar lo que le pertenecía por derecho.
Dante caminaba a mi lado, el rostro tenso, pero con una serenidad que me sorprendía. Teo, en cambio, mantenía ese gesto impenetrable