El silencio de la casa era absoluto. Las niñas dormían plácidamente, y en el pasillo apenas se oían los crujidos lejanos de la madera. Becca cerró la puerta del cuarto de Harika y, al girar, lo vio: Asher la esperaba apoyado en la pared, con la mirada cargada de deseo.
No dijo nada. Simplemente se acercó, la levantó en brazos y la llevó directo a la habitación. Ella rodeó su cuello con los brazos, riendo nerviosa, pero el calor en su vientre ya la traicionaba.
La dejó sobre la cama, y de inmedi