(Narración en tercera persona)
Olivia despertó sumergida en una calidez profunda y en un peso reconfortante. No fue el despertar ansioso o pesado al que estaba acostumbrada con Caleb, sino un emerger lento y plácido de las aguas del sueño. La luz de la mañana se filtraba por entre las persianas, pintando rayas doradas sobre las sábanas de satén negro. Y entonces, lo sintió: el brazo de Lion, pesado y posesivo, rodeando su cintura; su enorme pecho y abdomen musculosos y peludos contra su costado