El regreso del desierto de Atacama a Londres fue un viaje a través de capas de agotamiento. No solo físico, sino moral. Elena Vance no encajaba en el molde de Aris Thorne. Ella no era un arquitecto de silencio, sino una cirujana de la memoria, una evangelista de la amnesia selectiva. Su amenaza era más insidiosa porque se presentaba como una oferta de liberación. ¿Quién no querría borrar su peor dolor? El dilema que planteaba era una trampa ética perfecta.
El disco duro parcialmente quemado de