El nombre Elena Vance resonó en los pasillos de Aurora con el eco siniestro de una pesadilla reconocida. Los archivos que Samuel rescató de los servidores residuales de Elysion-1 la pintaban como una prodigio: compositora clásica precoz, doctora en neurociencia cognitiva, reclutada por Aris Thorne por su tesis sobre «Patrones sónicos y consolidación de la memoria». En los informes iniciales del proyecto, aparecía como entusiasta, describiendo la «armonización» como una «cura para los traumas».