El resonador carbonizado de Praga reposaba sobre la mesa de análisis de Samuel como un insecto tecnológico muerto. Su diseño era una mezcla perversa de la precisión de Aris y una estética casi steampunk, con tubos de vacío y cristales de cuarzo junto a circuitos impresos modernos. Era, según Samuel, «un puente anacrónico», diseñado para sintonizar con artefactos antiguos utilizando una mente contemporánea como antena.
—La teoría de Tomás era correcta —explicó Samuel a la sala reunida, que inclu