El rostro de Olivia palideció al ver a Andrés. No era solo el asistente de Lion, era su jefe de seguridad, sus ojos y oídos cuando no podía estar presente. Su aparición en ese preciso instante lo confirmaba todo: Lion no había creído su mentira. La había seguido. Y ahora sabría, sin lugar a dudas, que ella le había fallado.
—Señora Winchester, espéreme un momento. Debo hacer una llamada. —Le informó Andrés con un susurro al oído y luego se alejó un poco.
El mundo se detuvo en la acera de Chelsea