El motor híbrido del sedán negro de Camila zumbaba casi en silencio, haciendo un contraste brutal con el torbellino de emociones que rugía en su interior. Desde que su coche se había deslizado detrás del taxi de Olivia y Karla, una fría calma se había apoderado de ella. Observaba la espalda de Olivia a través del cristal tintado, estudiando cada línea de su postura, la forma en que se reía con Karla, esa aparente ligereza que le resultaba tan ofensiva.
"¿Esa es la mujer que lo tiene?", pensó, y