361. CASADA SIN SABERLO
LUCILA:
Damián alzó el rostro y me miró directamente, con esos ojos tan azules como el cielo encima de nuestras cabezas. Podía ver que en verdad creía que era su esposa; todo lo que decía era cierto, solo que yo no era la protagonista de su bella historia de amor.
—¿Por qué me preguntas, amor? Tú mejor que nadie sabes que ella lo hizo, te mandó a ti en su posición. Pero eras tan bella e inocente que no te delaté o te hubieran asesinado. —Estaba asustada. Entre más lo escuchaba, más me asustaba