358. LA CONFESIÓN DE DAMIÁN
LUCILA:
Damián me miró con una mirada llena de cariño, que me hizo sobrecoger, porque sabía que ese amor no era para mí. Me seguía confundiendo con su difunta esposa. Pero no dije nada al ver lo nervioso que estaba por el modo en que se movían sus ojos.
—Me desesperaba cuando te demorabas a veces, cuando te pasabas muchas horas sin ir a verme, querida —la candidez con la que lo dijo me enterneció.
—No puedo creer que lo que me dices es verdad —sentía una mezcla de emoción y tristeza al escuch