281. NO SON SUEÑOS
LILIAN:
Alessandro abrió la boca sin que saliera un sonido, con sus ojos negros clavados en mí. Tensó su mandíbula, amenazante, pretendiendo aguantar la tormenta, una que sabía que yo, en mi siempre impulsiva reacción, estaba a punto de desatar. Pero antes de que me respondiera, Rufino contestó.
—No, doctora Lilian, no es nada de eso —dijo muy serio, mientras Minetti abría y cerraba la boca queriendo hablar sin hacerlo—. Mejor cuénteme los sueños y pesadillas que mencionó antes.
—Está bien —ace