C22: No me olvides.
Leonhardt se despidió de Annika aquella mañana con una ternura y resistencia interna. Le costó más de lo que pensaba. En el fondo deseaba quedarse con ella, prolongar esos días de quietud y compañía que habían compartido, aferrarse a la calidez de su presencia y a la suavidad con la que ella lo miraba al despertarse.
Pero la realidad siempre terminaba imponiéndose. Tenía que trabajar. Era la única forma de garantizarle a Annika la vida cómoda y estable que él se había empeñado en construirle. Quería que ella viviera como una reina, sin preocupaciones, sin necesidades insatisfechas, sin motivos para salir a la calle o exponerse al mundo exterior. Y para sostener ese pequeño universo en el que ella podía sentirse protegida, él debía cumplir con sus responsabilidades.
Leonhardt no era un magnate con recursos inagotables; no pertenecía al grupo de hombres capaces de permitirse ausencias caprichosas o eternas vacaciones. Era un profesional respetado, un psicólogo con una excelente reputaci