Salí del baño y me vestí rápidamente. De camino hacia el salón, mis fosas nasales se impregnaron con el delicioso olor a café. Mi estómago rugió con prisa y sonreí. Recordé los desayunos con mi esposa, donde, no faltaban las caricias mañaneras además de los platos ricos que sólo ella sabía preparar.
La mesa estaba muy bien arreglada, no faltaba nada , ni los zumos ni la fruta. La vi salir de la cocina con un plato de pancakes y mi estómago rugió una vez más. Ella sonrió ladeado y sin mirarme