Mauricio y Verónica subieron al elevador y llegaron a una elegante suite en uno de los hoteles de las mejores zonas de Nueva York. El lugar era muy lujoso, con pasillos alfombrados y luces tenues. Mauricio la acompañó hasta la puerta de su habitación, cargando su equipaje. Antes de abrir la puerta, el abogado se detuvo, la miró fijamente a los ojos con mucha ternura y le habló con voz suave.
—Verónica, no tengas miedo —le dijo Mauricio para darle confianza—. Ya estamos aquí, y te prometo qu