Mientras tanto, Rodrigo manejaba a toda velocidad. Iba directo a Nueva Jersey, muy enojado. Estaba seguro de que Gabriela se escondía en la casa de sus padres, porque no tenía a dónde más ir.
Cuando llegó a la casa de sus suegros, estacionó su auto. Antes de bajarse, respiró profundo y cambió su cara de enojo por una sonrisa. Tenía que fingir para que le dijeran la verdad.
Rodrigo caminó hacia la entrada y tocó el timbre. A los pocos segundos, los padres de Gabriela abrieron la puerta. Se v